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05/06/2008

El Capitalismo como sistema para el embozado de la realidad

 
Portada :: Opinión
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf03-06-2008

 

El Capitalismo como sistema para el embozado de la realidad http://www.rebelion.org/noticia.php?id=68293



Las relaciones ideológicas, como relaciones sociales que son, comportan a un mismo tiempo sus “creaciones” que sus “ocultaciones”. A la manera del lenguaje, y como han enseñado los estructuralistas, son al mismo tiempo fundantes de novedades ontológicas, reorganizando estructuras precedentes, como sistemas de ocultación del máximo interés epistemológico. Una ideología, como el lenguaje, dice tanto como oculta. Y los modos cambiantes en que se da la producción y el embozamiento de la realidad social son los mismos modos en que se verifica la reproducción social. Cuanto dice una ideología, lo dice por obra de una selección, deformación, substitución, etc. con respecto a una base de referentes anclada en el sistema económico, de la Producción. Cuanto oculta, y que sólo con métodos estructurales sale a la luz, también es lenguaje, es decir, series narrativas y cadenas elaboradas de otras producciones y de otras ausencias.

El sistema de relaciones ideológicas es un entramado funcional, en alto grado interdependiente. Los valores tomados por una parte entran dentro del campo de tensión soportable por las otras partes, y se crean condiciones diversas de lógica soportable por la totalidad social. El método estructural puede rellenar con datos, a la manera de un experimento mental o simulado, una cierta parte de ese entramado, y observar qué sucesos se pueden prever en las restantes. La descripción morfológica marxista, es siempre una anatomía predictiva del sistema disociado/integrado por clases sociales que se solicitan unas a otras por esencia, pero que se enfrentan de manera irreconciliable, es la encarnación evidente de la estructura de la formación económica dada. Elimina las vigentes relaciones de propiedad, y verás lo que pasa. Imagina las condiciones para que dicha eliminación fuera posible, y prevé lo que podría pasar. Organiza la lucha político-sindical para favorecer las condiciones de aquella eliminación, y describe las posibles alternativas. El método de análisis dialéctico es, por esencia, holístico y funcional mal que les pese a los “marxistas” analíticos.

En el transcurso de una edad de hielo para el comunismo internacional, que va desde finales de los 70, y las enteras décadas de los 80 y 90, viene del mundo anglosajón una fría interpretación de Marx, que hace, de su cadáver embalsamado, un muerto dos veces muerto. Fenómeno puramente académico, esta literatura inunda otras latitudes, ajenas por completo al método de los embalsamadores por congelación. ¿Cómo juzgar analíticamente los argumentos y teorías en los que Marx supuestamente “se equivocó”, o en los que se “pronunció sin fundamento” ? Pues para los marxistas analíticos es muy sencillo. Todo cuanto hay que hacer es desprenderse de su maldito enfoque dialéctico y quedarse con proposiciones aisladas, sobre las cuales poder meter limpiamente el bisturí o el escalpelo.

  1. Atacar a Marx por sus afirmaciones faltas de evidencia empírica.

  2. Mirar las ideas de Marx al través de la “luz”(¡) Popperiana y poner en evidencia su carácter irrefutable, es decir, no científico.

  3. Denunciar a Marx ante el tribunal de los lógicos formales por su falta de consistencia, incluida la consistencia con otras afirmaciones del propio Marx expuestas a lo largo de su obra.

  4. Expurgar de la obra marxista, vista como conjunto de contribuciones (proposiciones) aprovechables para la ciencia social positiva, todos aquellos ingredientes de lo que Elster llama “pensamiento desiderativo”.

A qué dudar que las pretensiones de Elster y su marxismo analítico1 equivalen a un oxímoron inaceptable siempre que comprendamos bien la primera etiqueta, “marxismo” sin apellidos incompatibles (“analítico”) con su esencia. Marx fue fundador de un método propio, que nosotros podemos definir como “análisis dialéctico de la totalidad social”, y ese análisis debe ser “totalizador” por necesidad.

Las relaciones ideológicas tienen su substrato material en las relaciones que los hombres contraen entre sí a la hora de producir. Estos hombres se escinden en clases, según el grado de control de los medios de producción. La ideología democrática, p.e., otorga igualdad política con independencia de la factual desigualdad económica. La política se muestra, en su análisis dialéctico, como la forma (igualdad formal) ante lo materialmente desigual (desigualdad en la posesión o control de medios productivos). Es evidente que desde su origen como ciencia ideológica, las relaciones ideológicas han aparecido como “mediaciones totales” (y no subconjuntos o partes) de las relaciones productivas. No es desacertado establecer un parangón entre las categorías de la Economía Política, con su trabazón propia más o menos formal (y que actuaron en Marx a manera de malla para la disección de la sociedad capitalista), por una parte, y las difusas constelaciones ideológicas (por no decir categorías sin violar el término) que componen un cierta superestructura social reproducida por todos y en cada uno.

El análisis científico de las ideologías que se reproducen socialmente y que cumplen funciones de mediación total para el funcionamiento del mercado, y de una producción orientada al mercado, debe comprender el otro sentido del vector: que el mercado, y el régimen privado de producción para el mercado se han interpuesto entre los sujetos miembros de una sociedad y desnaturaliza las relaciones ideológicas y todas las demás esferas de la totalidad social reproducida. La relación entre ideologías y producción no es una “cosa” material ella misma, mensurable y empírica. La relación, si cabe, es analógica y simbólica bajo ciertos aspectos. En otros, es una relación abstracta, visible sólo a los ojos de la razón. El propio despliegue histórico del capitalismo se ha encargado de hacer que ello fuese así. De igual manera que los “analíticos” y los marxistas “empíricos” no entienden esa relación salvo en el formato de proposiciones contrastables y verificables, echando a perder el legado genuino de la dialéctica de Marx, en el otro extremo opuesto aparecen los escritores pedantes, burdos fabricantes de metáforas, que propalan sus ridículas expresiones. “Economía política de los sentimientos”, “mercado de los símbolos”, “modo de producción patriarcal”, y otras necedades se han oído en detrimento de una seria ciencia ideológica, en el buen sentido, el marxismo.

1 Jon Elster: Una Introducción a Karl Marx, Siglo XXI Editores, Madrid, 1991.




05/06/2008 10:18 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU No hay comentarios. Comentar.

09/05/2008

Marxismo y Ecologismo

Testu tamién espublizáu na rede va unos meses.

La visión evolucionista y dialéctica de la Naturaleza y la Historia ha de ser el marco para una visión y una praxis Ecosocialistas: la respuesta de hoy al Imperialismo Ecológico.

Marxismo y Ecologismo



La teoría y la praxis marxistas se inscriben dentro de una Filosofía Natural Materialista, que coincide en gran medida con nuestra actual visión de la Naturaleza y la Sociedad. La visión evolucionista y dialéctica de la Naturaleza y la Historia ha de ser el marco para una visión y una praxis Ecosocialistas: la respuesta de hoy al Imperialismo Ecológico.


Ha costado mucho esfuerzo y tiempo devolver a Marx su faz verdaderamente materialista. Este rostro auténtico del marxismo incluye la rehabilitación de un “naturalismo dialéctico” (vide: J. Castillo, “La verdadera cuestión terrenal”, El Búho, http://aafi.filosofia.net/revista/el_buho/elbuho2/buho3/castillo.htm). La socialdemocracia de la II Internacional, así como el sovietismo de la III, coincidieron en el culto a la técnica como una especie de panacea universal a los males que el Capitalismo acarreaba a la clase obrera en particular y al mundo en su totalidad. El productivismo del mundo capitalista conduciría a otro productivismo, esta vez socialista. Una técnica más o menos neutra se pondría al fin al servicio de la sociedad, de la humanidad trabajadora, ya fuere por una gradual aproximación al estado socialista (enfoque reformista) ya hubiese que implantar ese giro por medio de un acto revolucionario (enfoque revolucionario). La técnica se entenderá al servicio del Progreso. La técnica aparece pues, como instrumento de dominación de la naturaleza, disponible políticamente y sin cambios sustanciales- para la burguesía o para el proletariado.

1. El Materialismo de Marx: un nuevo humanismo ecológico.

Tardó mucho el marxismo, como decimos, en despojarse del “progresismo” y de la concepción neutral de la técnica. La deuda de Marx y Engels con el darwinismo (no con el darwinismo social), tanto o más que con una tradición materialista contemplativa que arranca de Epicuro hasta Feuerbach) es algo digno de ser rescatado del olvido, y entendido en sus justos términos (J. Bellamy Foster, 2004). La visión materialista y dialéctica del mundo y de la sociedad constituyó una ciencia alternativa a la reacción teológica (y teleológica) de los sabios del Barroco (p.e. Newton). La continuación de éstos a través del Positivismo sirvió para orillar al materialismo dialéctico, para dejarlo en manos de epígonos escolásticos del marxismo, filosóficamente retrasados ante el avance autónomo de las más diversas disciplinas científicas. Tuvo que ser la Escuela de Frankfurt, con su crítica a la tecnología y a la alienación que el hombre cosificado experimenta respecto a la naturaleza, la corriente que devolvió al marxismo a las preocupaciones verdaderamente humanísticas de sus fundadores, entre las que se encuentran, de fijo, aquella que venía referida en los mismos textos de Marx como la cuestión del “metabolismo hombre-naturaleza” y la problemática planteada por la industrialización, creadora de una “fractura” de dicho metabolismo básico (vide: M. Lowy: “`Aviso de incendio´: la crítica de la tecnología en Walter Benjamin”, http://fundanin.org/lowy3.htm). Marx, lejos de caer en un primitivismo reaccionario o romántico, supo ver el cariz dialéctico de la tecnología. Su cariz irrenunciable, sin embargo, no la convierte en un instrumento éticamente neutro, disponible sin más en manos de quien políticamente la domine. En concreto, el mismo uso “dominador” (de la naturaleza, de los obreros) habla de un cierto tipo de tecnología, que es la que hemos venido conociendo bajo el capitalismo, pero que no es, sin más “la” tecnología. En un contexto de optimismo socialista creciente, de veneración por los poderes emancipatorios de la tecnología, figuras como la de W. Benjamin se alzan con precursoras de la crítica ecologista y antimilitarista de la tecnología, ya habituales hoy sin necesidad de vincularse las mismas al marxismo, pero muy raras en aquellos marxistas del primer tercio del siglo XX, cientifistas y “progresistas” la mayor parte de ellos, y de entre quienes Benjamin, o Adorno y Horkheimer, constituían una excepción. La alienación de la naturaleza expresa perfectamente la alienación del hombre bajo una sociedad industrial y tecnocrática, ya fuera esta de signo capitalista, ya lo fuera bajo signo supuestamente socialista (soviético, o socialismo “real”, es decir, capitalismo de Estado). Ambas, no eran más que prolongaciones del programa baconiano de “dominar” e incluso “vejar” y “violar” (sic) la naturaleza, en palabras del filósofo inglés, profeta del capitalismo cientifista y de la dictadura tecnocrática que éste acaba imponiendo. Como recuerda Lowy (ibíd.), la tecnocracia acaba siendo idéntica al fascismo.

2. Explotación de cuerpos y explotación de suelos. Imperialismo de tipo mediterráneo.

Hoy en día asistimos a una gestión tecnocrática del mundo, incluida la naturaleza entera. En rigor, este es un proceso que tuvo como punto de arranque el neolítico y el comienzo de la agricultura y ganadería. Hace más de 10.000 años comienza una nueva fase de la historia de la humanidad que, pomposamente, ha dado en llamarse “Origen de la Civilización” pero que, sin embargo, consiste más bien en el Origen de la Explotación masiva de la Naturaleza, que coincide exactamente con la Explotación del Hombre sobre el Hombre, a través de la Esclavitud (Coincido muchísimo con la interesante síntesis que realiza Santiago Gómez Crespo: “El Ecologismo Burgués y el Ecologismo Socialista”, Rebelión, 07-09-2006, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=37175). En concreto, la aparición de la Agricultura supone la reducción drástica de la biodiversidad y el paso previo para una ineluctable desaparición del arbolado, el agotamiento de los suelos, el espaciamiento de las lluvias y, finalmente, la desertificación de regiones enteras. El próximo y medio Oriente fueron cunas de la Agricultura y, como se dice, cunas de la Civilización. Hoy son desiertos. El relevo lo tomaron, ya en la Antigüedad, diversos países ribereños del Mediterráneo, cuna de las civilizaciones clásicas occidentales (Grecia y Roma). Hasta hoy, la persistencia de viejas prácticas agrícolas va camino de crear nuevos desiertos en aquellas que fueron campiñas todavía fértiles en época imperial romana. Buena prueba de ello es el sur y el levante de la Península Ibérica. Santiago Gómez recalca la importancia del “natalismo” en aquellas viejas civilizaciones agrícolas, que yo entiendo a modo de “superestructura” activa y coadyuvante de una base económica ultraexplotadora del medio y de los cuerpos humanos. En una economía agrícola al estilo antiguo y mediterráneo no solo se deben esquilmar los recursos naturales (el agua, los nutrientes del suelo, el arbolado) sino también las energías humanas puestas a trabajar. Cuando hacen falta brazos, éstos han de “importarse” o “criarse”. Desde hace dos mil años se están “criando” esclavos, siervos o jornaleros de algún tipo en el sur peninsular, como en otras partes del Mediterráneo. Si estos escasean o “huyen” a horizontes más favorables, los terratenientes adoptan políticas esclavistas de tipo importador, creando la ideología según la cual “España es una tierra de oportunidades”, mediante la cual se recluta una mano de obra paupérrima que hunde los salarios habituales de los nativos y encima se hace creer al desinformado público que, además, con ello se le conceden “magnánimamente” ocasiones para salir adelante.

En efecto, en el ámbito global, el natalismo es una ideología desastrosa para el planeta, por más que se pueda defender localmente para promover comarcas abandonadas. La presión demográfica del ser humano es el frente arrasador de la biodiversidad, la verdadera “plaga” para todas las demás especies de animales y plantas, así como para los factores sustentadores de la vida, como el agua, la atmósfera, el suelo. Las zonas del planeta “ecológicamente viejas”, como es por ejemplo el Mediterráneo –a cuyo ámbito climático y ecológico corresponde aproximadamente un 80% de la Península Ibérica- sólo aumentan la presión demográfica por medio de la llamada y reclutamiento de extranjeros (de muy diversa procedencia, africanos, europeos del este, sudamericanos) en atención a una búsqueda de beneficios privados a corto plazo, en un sector como es el de la agricultura que se basa en el privilegio artificial (puramente político) de los países de la Unión Europea sobre aquellos otros que, política y financieramente hundidos, no pueden salir de su postración agrícola e industrial, con el consiguiente exceso de brazos y falta de oportunidades. Los terratenientes y empresarios agrícolas (pero no sólo agrícolas) del Mediterráneo gozan de la ventaja comparativa de adoptar tácticas tercermundistas en un ámbito jurídico-laboral que las consiente con buena manga ancha, al tiempo que se benefician de unas tácticas “primermundistas” al estar ubicados en un Estado como el español, miembro de la U.E. que colabora activamente en el subdesarrollo planificado de esos países americanos, africanos u orientales, con vistas a que su agricultura no se desarrolle suficientemente, pues sus productos no pueden venderse a un precio comparable al de las mercancías muy subvencionadas europeas. Con ello, el primer mundo consigue esclavos muy baratos que acceden a Almería, Huelva, Murcia, Alicante, etc... costeando ellos mismos su viaje, llamando por su cuenta a las puertas del empleador. Con ello, el primer mundo consigue reintroducir el esclavismo tercermundista y natalista dentro de sus bien blindadas fronteras, poniéndose muy estricto en el aspecto policial-burocrático (represivo) del “problema” de la emigración, pero haciendo al tiempo de su propia capa un sayo en todo lo referente a la inspección laboral, seguridad, higiene, dignidad del trabajo, tasa de explotación, transparencia tributaria, formalidad contractual de los empleos, etc. Es decir, un tercer mundo metido en el primero. Y ello, en una de las regiones de Europa más desertificadas, más esquilmadas en cuanto a recursos naturales (que se viene a juntar con las epidemias del Turismo, los Campos de Golf y el urbanismo desbocado), por su ya larga trayectoria agrario-esclavista. La España Mediterránea es un auténtico sumidero ecológico. La creación de beneficios privados en pro de unos pocos empresarios negreros y especuladores, que además son muy malos contribuyentes dadas sus tendencias piráticas nunca exterminadas por la inspección estatal, es posible gracias a su condición sine qua non: la explotación de la fuerza de trabajo aportada por masas humanas procedentes de otras regiones devastadas precisamente por el proteccionismo agrícola que el Estado Español -junto con los demás socios de la Unión ejerce de forma despótica sobre esos países emisores de mano de obra barata, cuasiesclava. Se repite la misma historia de los tiempos imperiales en la antigüedad. Grandes centros de poder y “civilización” con fronteras militarmente bien guarnecidas, “reclutan” grandes contingentes de bárbaros extraliminares cuya explotación garantiza el mantenimiento de cuotas de ganancia en un medio natural cada vez más “viejo”, esquilmado, y dotado de una población ciudadana cada vez más parasitaria, dependiente del trabajo-basura del extranjero. La Unión Europea es la nueva Roma, pero también decadente.

3. Ecología es materialismo (y viceversa).

Para comprender este tipo de procesos de explotación simultánea de cuerpos y de suelos. Esta degradación del trabajador a esclavo, y del ecosistema fértil a un desierto agotado, hay que tomar unas nociones de dialéctica. De dialéctica materialista.En efecto, creo que deberíamos volver a Marx y beber en sus textos, como si de la fuente de un ecologismo verdaderamente revolucionario se tratara.

Habría que enmarcar otra vez la obra de Marx en el contexto del materialismo, pero de un materialismo no contemplativo ni estático (J. Bellamy Foster, 2004). El materialismo de esa clase arrancó con Demócrito y Leucipo y llegaría hasta los ilustrados dieciochescos en Francia. El materialismo marxiano (y también el de Engels) se inicia con Epicuro, y fue transmitido a la posterioridad por Lucrecio. Es esta base filosófica la que se “dialectiza”, según John Bellamy Foster, a través de Darwin, Engels y el propio Marx. Un concepto central en el enfoque materialista y dialéctico acerca de la Naturaleza consistió en la idea de “Metabolismo” (Stoffwechsel)..

Este concepto, aún hoy central en las ciencias biológicas, ya fue conocido desde comienzos del siglo XIX, en el sentido de “intercambio material”. Al principio se usó sólo en un sentido meramente organísmico (a escala bioquímica y fisiológica), pero al ser ampliado al nivel ecológico pasó a constituirse en la médula misma de la ciencia del medio ambiente, bajo ropajes y terminologías más recientes, como son los de la Teoría de Sistemas, haciendo referencia a flujos y balances de materia y energía. Por su lado, Marx, como materialista, nunca había dejado de insertar su concepción dialéctica de la historia dentro de una más amplia “Historia Natural”, y supo ver como nadie que las sociedades históricamente dadas debían ser entendidas precisamente en términos de “intercambio material” (hoy incluiríamos el intercambio energético bajo esa rúbrica general) a múltiples niveles, pero todos ellos subsumibles bajo la dialéctica entre estos dos polos: hombre y naturaleza.

Con el capitalismo se agudiza la explotación que el hombre ejerce sobre la naturaleza, que a su vez es con-causa de la explotación del hombre sobre el hombre. Esta tendencia ya había tenido su origen en ciertas regiones del planeta durante el Neolítico, provocando desertización y esclavitud. Pero el modo de producción capitalista aumentó con creces la “fractura” metabólica, pasando a convertirse la naturaleza (en sus diferentes ámbitos, suelo, aire, aguas, etc...) y el propio ser humano, junto con el espacio social que su vida ocupa (las ciudades, los campos) en meras mercancías. El capitalismo valoriza todo lo que puede, incluso aquello que de por sí no fue producido como mercancía, y que solamente por obra de las ficciones típicas del Capital entra a formar parte de su contabilidad (J. O´Connor, 1998).

Las “condiciones de producción” son aquellos elementos que entran en el proceso de producción capitalista sin que ellos mismos hayan sido producidos como mercancías. Antes bien, la naturaleza y/o la sociedad los “da”, por lo que el sistema capitalista los considera elementos gratitos. También ocurre que este sistema les asigna un “valor ficticio”. Un valor de cambio real no poseen en cuanto que no se ha depositado trabajo en ellos. El sistema hace “uso” de ellos como si se tratara de recursos ilimitados y no fueran susceptibles de degradación pero, de hecho, si en su uso no se espera a que los ciclos naturales realicen una reposición de los mismos, la degradación (factor cualitativo) y el agotamiento (factor cuantitativo) van poco a poco entrelazándose al sufrir, a la fuerza, una “entrada” de tales elementos en la economía capitalista. Esta es una economía productora de mercancías que todo cuanto cuantifica (todo cuanto conoce) es mercancía.

El capitalismo es ciego a las no-mercancías. Obligatoriamente, en su propia lógica, no ve y no entiende los objetos no-mercantiles, y para intentarlo, su única salida es atraparlos en sus círculos viciosos, los del Mercado, los de la mercantilización forzosa y artificial. Para ello emplea las ficciones jurídicas y las aberraciones éticas pertinentes pata que tales elementos extraños a la mercantilización de la vida puedan penetrar y visibilizarse. Tal es lo que ocurre con el propio ser humano como mercancía. Ya fuere como cuerpo coleccionable y disponible, bajo el régimen de Esclavitud, ya fuere como cuerpo explotable, esto es, como dispositivo de fuerza de trabajo a activar por horas, bajo el capitalismo, el ser humano entró hace miles de años en una dinámica de valorización, de cosificación cuantificada.

El individuo se mercantiliza como reservorio de fuerzas, energías, de horas que –durante su vida útil- pueden ir desplegándose, mucho más allá de su valor amortizable (igual que se objetiva el valor de una máquina, como capital invertido que “promete” a su dueño un valor extra, una plusvalía más allá de su amortización). El individuo trabajador, cosificado como esclavo, iba más allá de su condición de máquina, de fuerza de trabajo “esperable” y, por ende, más allá del valor extra que será capaz de producir “previsiblemente” en su vida útil. Su condición es común y compartida con la del trabajador asalariado (el esclavo moderno). La diferencia es que en lugar de ser comprado en éste último caso todo su ciclo vital (no ya su cuerpo, sino la vida y la acción de su cuerpo hasta la muerte), por el contrario, va siendo adquirido por el amo (del Capital) por plazos, por entregas fraccionables (de tiempo medido en horas, p.e.). Al aspecto laboral de esta absurda pero real compraventa de seres humanos, hemos de añadir su condición forzada, obligatoria, de “prestador de servicios” al amo. Los servicios extra-laborales, como son ofrecer placer, diversión y atención doméstica al amo, sólo con gran dificultad teórica pueden ser catalogados como “trabajos” en el sentido estricto, productivo, del término. No obstante implicaban –e implican- un grado considerable de penosidad, cansancio, dolor y humillación para los prestadores forzados de tales servicios.

Como Marx destacó en El Capital (Marx, 2000), con independencia de cualquier “justicia” y “generosidad” del patrón en materia de salarios, el trabajador humano desplegando en la práctica sus fuerzas de trabajo, es capaz de crear valor nuevo en las mercancías producidas, por lo que su “amortización” trasciende completamente a la de una máquina, que es energía muerta que exige ser vivificada por el trabajo vivo. El hecho de que su vida útil sea valorizable más allá del ámbito de la producción de objetos con valor de cambio, y se la “compre” el Capital en tanto que prestador de servicios que la sociedad entiende también como dotados de un valor de cambio, difumina a los ojos empíricos la distinción entre trabajos productivos y demás servicios. Con ello, las distinciones entre esclavitud y trabajo asalariado se difuminan, pues los servicios (entretenimiento, placer sexual, enseñanza) involucran a la persona entera que los presta, aunque se paguen por horas u otro tipo de fracciones. Es la persona en su integridad la que se “vende” en esa hora de prestación, sea o no directamente productiva la misma. En cambio, el obrero fordista, en su hora de trabajo inoculaba valor a un producto –p.e. el auto- que, a su vez debía realizarse como mercancía, dentro de un mercado en el que el valor de cambio debe “contrastarse” con otras mercancías (incluido el dinero) que también lo debe poseer. Por ello, en una sociedad como la nuestra, donde el sector de los trabajadores “improductivos” o, por mejor decir, más alejados de la producción directa, esto es, de la transformación de materias primas y energías brindadas por la naturaleza, es donde se puede contemplar un mayor grado de alienación del hombre, reducido a ser mercancía, y la alienación del hombre respecto de la naturaleza, obrando como si no la necesitara y las meras relaciones-alienadas- entre humanos crearan riqueza y dieran satisfacción a necesidades “exclusivamente sociales”.

4. Marx Ecologista y Filósofo Natural.

El estudio atento que Marx dedicó a las obras de Justus von Liebig y a otros expertos en economía agrícola de la época (p.e. el anti-mathusiano James Anderson) revela la importancia de los asuntos del equilibrio ecológico en la dialéctica materialista de la Naturaleza, de la que todo materialismo histórico forma parte. En contra de las ideas de Malthus y sus seguidores, la “ecología” primitiva de esta época, iniciada realmente por Liebig, Anderson, Engels, Darwin y Marx, era una ciencia dialéctica, que sólo por su enfoque global (no reduccionista, no mecanicista) y por su énfasis en las contradicciones, revelaba que la fertilidad de la tierra distaba de ser una propiedad absoluta, con unos límites fijados de antemano e inamovibles. Más bien la economía natural, vale decir, “ecología”, mostraba ya entonces que esa propiedad de la tierra era relativa al trabajo invertido en ella (abonos, drenajes, alternancias, cuidados de toda índole) que a su vez está condicionada por el nivel de desarrollo técnico y científico que puede serle aplicado en sus mejoras. De hecho, contra Malthus, se debía advertir que la tierra puede aumentar más su productividad si las mejoras tecnocientíficas son correctamente administradas. La renta extra de las tierras fértiles, por tanto, no significaba una suerte de “prima” o “pago por el privilegio” que tales tierras favorecidas por la Providencia merecían frente a las menos favorecidas (que tan sólo darían, dada su esterilidad, para cubrir gastos). Esta teoría malthusiana y ricardiana quedaba desbancada por obras como la de Liebig, Anderson y la crítica marxiana. Obras críticas ya contra un capitalismo depredador, centradas en la idea de “sustentabilidad” de la tierra, esto es, en buscar la manera de evitar que se rompa el equilibrio fundamental entre hombre y naturaleza. Un equilibrio que se habría roto en la Inglaterra decimonónica al haber desaparecido el ganado, y por ende, el abono que éste podía aportar a los cultivos in situ, sin recurrir a la importación o al abono producido industrialmente. Para empeorar las cosas, la sobreabundancia de desperdicios que Londres u otras grandes concentraciones industriales y poblacionales generaban, sin el más mínimo reciclado de los mismos, no hacía más que deteriorar los ríos, las costas, y la salud de los propios moradores de este ambiente industrial. Una tierra cuidada debidamente no tendría por qué ejecutar su venganza contra el hombre. Pero la tierra sobre-explotada se vengaba de hecho, disminuyendo su fertilidad, y trayendo enfermedad y muerte al género humano. Lo importante era ni fracturar el ciclo biológico y químico de su existencia.

En tiempos de Marx, las bases de esta economía natural o Ecología ya estaban pues, establecidas, y como refuerda J.B. Foster, nada tiene de extraño que fuera en la U.R.S.S. entre 1920-1930 que la Ecología floreciera, en un contexto intelectualmente abierto a un marxismo todavía no dogmático. La cerrazón estalinista en cuanto a ideas, y el propio productivismo de este estado, bloquearon por completo una Ecología materialista. Con todo, entre finales del XIX y principios del XX la creencia en los recursos ilimitados era aún muy fuerte entre marxistas tanto como entre capitalistas. Ya se conocían destrozos medioambientales considerables, pero circunscritos a comarcas, regiones, a lo sumo, pero apenas se rebasaban los marcos nacionales de análisis de los mismos. La mentalidad colonialista era la preponderante incluso entre la izquierda, y con ello debemos indicar que muchos líderes e intelectuales pensaban que la extinción local o nacional de ciertos recursos naturales podría compensarse fácilmente con la adquisición (barata o gratuita) de los mismos en las colonias o neocolonias. Esta mentalidad, que con muy apropiados términos ha denominado Renán Vega “Racismo Ecológico”, no sólo no se ha erradicado, como abominación moral, sino que se ha difundido mucho más hasta llegar a hoy. [Renán Vega: “Las nuevas expresiones del imperialismo en el mundo actual”, http://www.nodo50.org/cubasigloXXIcongres004/vega_060404.pdf, y también, del mismo autor, “El imperialismo ecológico. El interminable saqueo de la naturaleza y de los parias del mundo”, La Haine, 28.05.06, http://lahaine.org/skins/basic/lhart_imp.php?p=14920].

En efecto, el Racismo Ecológico de hoy ha tomado la forma de un Imperialismo Ecológico que sobrepasa ampliamente la simple y llana depredación de territorios, culturas, continentes enteros. Esquilmar la tierra y la fuerza de trabajo de los países colonizados fue el colonialismo clásico que complementó la industrialización interior de los imperios. Ahora, lo que se ha consumado es la división del planeta en dos polos, uno rico y depredador, que se cree con todo el derecho a agotar las posibilidades de supervivencia del otro polo, que no sólo sufre el esquilmado de sus recursos sino que debe resignarse a quedar convertido en vertedero de los residuos –contaminantes en alto grado- que los opulentos no desean. Se ha llegado a producir, en este sentido, incluso un trueque desvergonzado, como señala Renán Vega, consistente en condonar deuda externa a cambio de la aceptación de residuos.

El imperialismo ecológico es, en suma, el Imperialismo a secas, la fase imperialista del Capitalismo que corresponde a nuestro tiempo.

La lucha ecologista es, y debe ser, una lucha de clases. En un principio, los marxistas “ortodoxos” no supieron ver en el movimiento verde un verdadero movimiento con potencial revolucionario, una alternativa al sistema capitalista. Se quiso ver en él un nuevo romanticismo, una utopía generada por pequeño-burgueses de orientación inicialmente anarquista, nostálgica y contraria al sacrosanto “Progreso”. Estos “marxistas” recelosos del ecologismo ¿ignoraban que su propia orientación, en sus orígenes, también había recibido tales etiquetas por parte de sus enemigos? Hoy, tras la mala experiencia de un ecologismo reformista, pactista, burocrático e integrado, resulta evidente que sus preocupaciones entran de lleno en la agenda de cuentas urgentes que el proletariado debe pedir al Capital en su proceso revolucionario. Pues es la clase trabajadora, obrera y campesina, la primera víctima del Imperialismo, doblemente sacrificada no ya sólo en cuanto que explotada laboralmente, sino en cuanto desahuciada en sus posibilidades mismas de supervivencia y autosuficiencia.

5. Ecosocialismo Revolucionario.

El Ecosocialismo debería ser, pues, un movimiento revolucionario, no una mera “marca” verde en un programa rojo, o a la inversa. Se tratará, más bien, de una impugnación general del Capitalismo. La explotación del hombre y la explotación de la naturaleza son dos procesos que se identifican esencialmente. En el mismo frente de batalla hay que plantar cara, como dice Lowy, al ecologismo metafísico y reformista, basados en la propaganda ascética, la llamada a la autocontención. Escribe Lowy:

“...algunos ideólogos de la ecología plantean falsos problemas. Por ejemplo, que la degradación del medio ambiente es culpa de nuestro consumismo, que cada uno de nosotros consume demasiado, que es necesario reducir el consumo para proteger al medio ambiente. Eso responsabiliza a los individuos y redime al sistema. Es verdad que el consumo de los individuos es un problema, pero el consumo del sistema capitalista, del militarismo capitalista, de la lógica de la acumulación de capital es mucho mayor. Entonces, en lugar de pregonar la auto-limitación individual, es necesario llamar a la organización para luchar contra el sistema capitalista; esa debe ser nuestra respuesta”. (http://www.fundanin.org/lowy.htm).

Vivimos en un ecosistema planetario frágil. Cualquier predicción realista, ajena a la posibilidad de milagros, nos conduce directamente al suicidio ecológico. Un crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas nos va a llevar a la destrucción de los parámetros fundamentales de toda posible y mínima “calidad de vida” en el mundo entero. Además, la imprevisibilidad de los factores “superestructurales” en un contexto tecnoeconómico (la base material, en el lenguaje marxista) sin frenos, no va a generar otra cosa salvo incertidumbres y agravamientos al ya de por sí alocado crecimiento de las fuerzas productivas.

Con este panorama, el marxismo revolucionario debe actuar, y ya. En el contexto decadente del marxismo tradicional, lastrado por el sovietismo y su estrepitosa caída, bien simbolizada por el derrumbe del Muro Berlinés, parecía que otras teorías vendrían tomando la delantera al programa del socialismo. Desde la década de 1970 el ecologismo, al menos en los países europeos más avanzados de Occidente, iba imponiendo su tonalidad verde sobre la roja. Pero este verde movimiento bien pronto mostró su cariz reformista, abandonando su radicalismo inicial a cambio de una mayor participación de sus líderes en los gobiernos y en las nuevas burocracias de la llamada “Gestión Medioambiental”. Tan solo recientemente, desde el propio marxismo, hemos asistido a tentativas de apartarse del reformismo ecologista (curiosamente, también muy cientifista y gradualista, como lo fuera antes el pseudo-marxismo de la II Internacional). Se trata ahora de crear un socialismo marxista que incorpore el cuestionamiento radical de nuestro alocado modo de vida y producción, depredador y ecocida, dentro de un discurso socialista y revolucionario que detecte en el Capital y en las oligarquías dominantes el responsable verdadero del desastre. Exponente de esa incorporación de un planteamiento verde radical dentro del enfoque (rojo) socialista, es el “Manifiesto “Ecosocialista” de Michael Löwy y Joel Kovel [http://www.una.ac.cr./ambi/Ambien-Tico/102/ecosocialista.htm].

En el Ecosocialismo se señalan como auténticos responsables de la Catástrofe Medioambiental (y, en el límite, responsables de la negación de nuestra supervivencia humana misma, al menos como especie civilizada) al Capital y al Imperialismo depredador que, en esta fase de mundialización, une la vieja codicia de acumulación de plusvalía a unas inusitadas expectativas de control, dominación y sometimiento total (que hemos denominado por nuestra parte, Fascismo Global).

En el Ecosocialismo no se quieren hacer concesiones a las típicas cortinas de humo que, de forma idealista, anhelan una nueva “jerarquía de valores” o un abandono de nuestro supuesto “antropocentrismo” aborrecible. Desde el marxismo, la verdadera alienación humana radica en la explotación suicida del hombre a cargo del hombre, practicada de un modo tal que supone a su vez su propia alienación respecto al propio suelo que pisa, a la atmósfera, al agua, en suma, a la Naturaleza entera. En tal sentido, el Ecosocialismo, creemos, debería significar una lucha política a brazo partido a favor de las comunidades campesinas del mundo entero, y en particular, del mundo “en desarrollo” para así proteger solidariamente su soberanía como productores-consumidores. Es decir, una lucha política orientada a garantizar su autosuficiencia en condiciones dignas así como sus posibilidades de desarrollo humano por medio de la creación de vías de “venta solidaria” de sus excedentes, venta directa al margen de las manos asfixiantes de unos intermediarios monopolistas.

Resulta de todo punto esencial que el Ecosocialismo no se transforme en una nueva “marca” propagandística, en una nueva mixtura de dos “sensibilidades”, como ahora se dice, creada con el ánimo exclusivo de captar votos a favor de partidos verdes tirando a rojos, o rojos teñidos de verde. Para que sea un movimiento de veras revolucionario hace falta, como subraya Löwy, que represente a ojos vista de todo el mundo, una Nueva Ética, y por ende, una Economía Política de marcado acento ético [Véase A. Lund Medina: “Ecosocialismo o neobarbarie”, Rebelión, 10-02-07, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46712].

Para los partidos obreros, y demás fuerzas populares, la integración de las problemáticas medioambientales, así como las que conciernen a la soberanía alimentaria y la autosuficiencia productiva (inseparables recíprocamente) resulta una prioridad no ya factible, sino cada vez más imprescindible, vistas las tendencias que el Capitalismo –en esta nueva fase llamada “Globalización” está exhibiendo día tras día. Difícilmente vamos a “salvar el mundo” si no sabemos apoyar las luchas locales, regionales, campesinas, etc. , que consisten en “salvar el propio suelo” que los seres humanos pisan. Salvar el suelo y el entorno como parte de su concreta resistencia tenaz contra el proceso de la Mundialización, promovido por el Capital.

Porque hay que reconocer que el Capital no puede ejercer su imperio sin realizar un colonialismo de nuevo cuño, consistente en una mayor y más profunda subordinación de países y regiones continentales enteras a sus centros de acumulación de plusvalía, que suelen coincidir con los centros de consumo megalómano y despilfarrador. De este modo, la mayor parte de la humanidad, así como la inmensa mayor parte del territorio planetario van cayendo más y más, en picado, bajo las garras de los monopolistas de la producción. Estas pocas empresas reducen de forma bárbara y artificial toda oportunidad de desarrollo endógeno de países y regiones continentales, para lo cual hacen uso del terrorismo puro y duro. Un terrorismo realizado a través de medidas de presión y represión, que pasan desde la acción financiera-punitiva de organismos internacionales como FMI, OMC, BM, hasta derrocamientos de gobiernos, financiación de dictadores y (para)militares, y creación artificial de grupos opositores a los gobiernos progresistas y socialistas. Los estados empobrecidos, reducidos a ser colonias, nuevamente, no ya de un estado europeo concreto, o de los EEUU, sino de su personificación colegiada y abstracta, el crudo Capital, no pueden hacer otra cosa que ir reduciendo sus posibilidades de vida civilizada. Su población, por debajo del nivel de la proletarización, se ve reducida a la más indigente esclavitud. Su naturaleza, en cuanto objeto de la ultraexplotación y depredación, va desapareciendo por medio de la deforestación, la desertificación, la reducción drástica de su biodiversidad, la contaminación y, en todo caso, la incapacitación de aires, suelos y aguas para una vida humana de sus respectivos pobladores autóctonos en lo sucesivo.

Si ya los métodos tradicionales de los imperialistas y colonialistas del siglo XIX y XX fueron brutales, basados en la concepción militarista de la vida, así como en el etnocentrismo racista de la supremacía civilizadora del hombre blanco sobre los demás pueblos de la tierra, ahora en el siglo XXI el neocolonialismo y el neoimperialismo del Capital toma al planeta entero como un bien fungible de entera disposición para unos escasos y selectos centros acumuladores y al tiempo, despilfarradores de plusvalía sobrante. El resto del mundo, descapitalizado, se ve en la tesitura de existir cada vez más des-naturalizado. Es decir, que además no recibir devuelta en forma de capital redistribuido una parte de esa plusvalía excedentaria, cosechada gracias a la baratura del trabajo “tercermundista” y a la casi gratuidad de los recursos naturales esquilmados por y para el Capital, esos pueblos van perdiendo los valores de uso fundamentales que hacen posible la continuidad de la vida, la salud, la dignidad: el agua, el aire, el suelo, el arbolado, etc. Que lo debe permitir una masa humana, que así se deja explotar, así como robar y exterminar, sólo es explicable por medio de la creación –año tras año- de un régimen de terrorismo de estado, de imperio, que gracias al perfeccionamiento de sus medios técnicos de control, va ganando en lo que constituye la quintaesencia del control asimétrico, desigual, de una pequeña parte sobre el todo: el sometimiento y la dominación tendencialmente absolutos. Esto es lo que constituye el fenómeno del Fascismo Global.

Löwy propone el Ecosocialismo como convergencia de dos posiciones radicales, cada una por derecho propio. El marxismo no productivista, por un lado, y el ecologismo radical, por el otro. El cuestionamiento de un modelo productivista ha de ser aplicado tanto al Capitalismo triunfante de hoy en día como a su supuesta alternativa, el ya desaparecido “socialismo real”. El “progresismo” compartido por estos dos modelos lleva a la perdición misma de los parámetros de la posibilidad de existencia de la vida, o al menos de una vida civilizada, a corto plazo. Los gestores de la economía “planificada”, en rigor, de un Capitalismo de Estado, no menos que los economistas del supuesto mundo del Libre Mercado (no menos Planificado que en el comunismo, por cierto) compartían más ideas en torno al “desarrollo”, de lo que se quería reconocer. A partir de los 70, fueron tanto los marxistas no dogmáticos y antisoviéticos, como los ecologistas más radicales, con importantes precedentes en la Escuela de Frankfurt, cuando se empezó a ver esa afinidad entre los dos bloques. El cariz ecocida de ambos. El “crecimiento” era el objetivo por el cual en ambos bloques debían darse los mayores sufrimientos y sacrificios de cuerpos y vidas humanas así como de ecosistemas. Medioambiente, calidad de vida, felicidad... todo se sacrifica por el “crecimiento”. La “ética ascética” prevaleciente era en el fondo la misma, tanto si miramos al bloque occidental como al sistema que se dio en el oriental. Nos parece muy interesante que Löwy haga mención expresa de una “Ética Ecosocialista”. Deberíamos entenderla como una alternativa y una impugnación radical de todo el ascetismo desarrollista. Se tratará, como afirma este autor en el escrito “Por una Ética Ecosocialista” [http://www.geocities.com/Athens/Bridge/8651/ecosocialista.html], de una Ética social, no de una moralidad individualista (vale decir, autoinculpatoria, y por ende, igualmente ascética). El problema del ecologismo “metafísico”, no socialista, consiste en que sigue prisionero del ascetismo de nuestro mundo burgués. En lugar de tomar como objeto el ahorro de dinero, esta vez el ecologismo metafísico –es decir, individualista- elige como objeto a ahorrar los recursos naturales y el propio consumo.

El capitalismo clásico experimentó, de fijo, una transformación en cuanto a la ética ascética predominante. El siglo XIX, en líneas generales, se podría definir por la ascética ahorrativa de una burguesía auto-contenida en el consumo. Era una burguesía austera en el consumo y expansiva en su inversión productiva, una clase ávida por acumular capital reinvertible en nuevas empresas de negocios. Con todo, ya Marx, y posteriormente Th. Veblen, se habían encargado de matizar ese mito, subrayando la necesidad de que una “clase ociosa” agotase una parte no desdeñable de la plusvalía excedente (no reinvertible en la producción), aplicándola a todo un aparato suntuario que, funcionalmente, nunca deja de resultar “rentable” más allá del beneficio psicológico hedonista. Lujo suntuario rentable en términos políticos y etológicos: consolidación del Poder, intimidación, deseos de emulación, majestuosidad y distancia. Esos y otros efectos se ejercen sobre las clases inferiores. Si además añadimos que el Aparato Suntuario (palacios, criados, coches, fiestas, objetos de arte...) lo desarrolla una burguesía siempre proclive a las “manías aristocráticas” que incluyen un gradual abandono de sus funciones productivas, siquiera sea en la forma de inspectores y gestores políticos de la producción sobre la que poseen derechos en virtud de su condición de titulares jurídicos de la propiedad privada industrial, nos iremos acercando a una visión más realista de la burguesía consumista -hasta extremos despilfarradores en términos medioambientales- de la actualidad. Esta burguesía, más numerosa hoy, y más parasitaria en cuanto a su detentación del control directo de los mecanismos de producción, lleva la voz cantante en cuanto a consumo alocado y despilfarrador, del que están siendo víctimas las masas populares de todos los continentes.

El comunismo, es decir, el triunfo de las masas explotadas y víctimas del expolio de un mundo “habitable”, es el único sistema capaz de pararle los pies al Fascismo Global y depredador, ecocida.

6. Etica y Ecofilosofía no cientifistas. La dialéctica materialista.

Una Ecología no cientifista, no es otra cosa que una Filosofía Natural Materialista, acorde con los conocimientos científicos de nuestra época. Estos conocimientos atestiguan la precaria posición que los seres humanos ocupan en el planeta mientras siga vigente el modo de producción dominante, el Capitalismo. La Ecología, desde los fundamentos estudiados por John Bellamy Foster (Darwin, Marx, Engels, Haeckel, los ecólogos soviéticos...) en rigor es una Biología General o una Filosofía Natural. La historia de la especie humana se ha de entender como una evolución social, histórica, que se injerta plenamente en la evolución natural de las especies, del planeta, del cosmos. Marx lo supo ver perfectamente. La Historia social y la Historia natural tienden a unificarse tanto en el ámbito ontológico como en el epistemológico. En el ámbito ontológico, debido a que una especie en particular, la humana, llegó a alcanzar el máximo poder causal de modificación de las condiciones envolventes de su propia evolución natural. De esa manera la propia evolución de la vida terrestre llega a quedar condicionada por la evolución reciente de una de sus especies (especialmente es así en los últimos 10.000 años). En el ámbito epistemológico, debido a que esta misma especie humana, precisamente, ha unido su capacidad de control (y, crecientemente, de sometimiento y dominación) de la naturaleza a una capacidad de conocimiento de las relaciones legales que se da en la misma. En el fondo es indisociable el control de la naturaleza y el conocimiento para la eficaz actuación sobre la misma. Lejos de darse un dualismo entre la “dialéctica de la naturaleza” y la “dialéctica de la historia”, hay que constatar que ambos planos son históricos, se tratada de procesos dialécticos históricos ambos, cada uno tomado en si mismo, y además, procesos entrelazados mutuamente, una trabazón también histórica. Veámoslo por medio del siguiente esquema.

Dialéctica de la naturaleza = Historia natural, de la que “naturalmente” surge la Historia humana.(N). Se trata de un proceso internamente histórico, evolutivo.
Dialéctica de la historia = Historia natural de los modos de producción en el ser humano.(H). Se trata de un proceso que no deja de ser “natural” e internamente histórico, evolutivo.
Entrelazamiento entre H y N = él mismo es Histórico, es decir, se trata del proceso de surgimiento de H a partir de N.

De cierto, siguiendo a J. Bellamy Foster, no hay para Marx resquicios de espiritualismo (en el fondo, dualismo) entre ambas formas de dialéctica, que se subsumen en una, más general y de fondo, que constituye el objeto para el Materialismo Filosófico. La “mala” dialéctica es aquella que pretende ser establecida entre la materia y la cultura (o “espíritu”, las ideas, los valores), como por ejemplo entre una base y una superestructura, entendida ésta de forma idealista. La dialéctica marxista consiste en una evolución o surgimiento de y a partir de términos, relaciones y operaciones intrínsecamente materiales. Los sujetos son los verdaderos agentes productivos de nuevos estratos de materialidad cuando ellos poseen capacidad operatoria, como ya acontece con muchas especies animales y el hombre.

Se tratará de adoptar una visión ética inmanente a una concepción materialista de la naturaleza y de la historia. En efecto, si le Ecología es el materialismo filosófico centrado en la Biología General, la Filosofía Natural en la que se inscribe la praxis revolucionaria, el Ecosocialismo es el enfoque ético que se extrae de esa filosofía. Como escribe Gustavo Fernández Colón (“Ecosocialismo: devastación capitalista o nueva civilización”, Rebelión, 17-11-2005, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=22838): “Es en este trance donde el Ecosocialismo emerge como expresión política de una ética global, centrada en la responsabilidad compartida de preservar la continuidad de la vida sobre la Tierra, mediante la selección de patrones tecnológicos y energéticos respetuosos de la salud del hombre y la naturaleza. Una ética que salvaguarde el derecho inalienable de los pueblos a escoger su propia senda de desarrollo en concordancia con los saberes ancestrales y las identidades culturales autóctonas. Una ética que haga posible la construcción de un nuevo orden económico internacional equitativo y solidario, donde la pobreza, la exclusión y la guerra fratricida se conviertan, más temprano que tarde, en vestigios de una etapa histórica superada por la humanidad.”

La Ética materialista, inscrita en y deducida del proyecto general de una Historia Natural en clave dialéctica y materialista, como la barruntaron Marx, Engels y Darwin, es ante todo –ante la gravedad de los acontecimientos- una Ética de la supervivencia de la especie humana y de las demás formas de vida planetarias. Hoy, más que nunca, la lucha revolucionaria no es sólo una lucha por la emancipación. Es una lucha por la supervivencia.

BIBLIOGRAFÍA:

(Nota: los artículos disponibles en internet se citan en el cuerpo del texto).

BELLAMY FOSTER, J. (2004): La Ecología de Marx. Materialismo y Naturaleza, El Viejo Topo, Barcelona.
MARX, K. (2000): El Capital. Crítica de la Economía Política. (3 vols.) Fondo de Cultura Económica, México, D.F.
O´CONNOR, J. (1998): “Is sustainable capitalism possible?”, en Natural Causes. Essays on ecological marxism. The Guilford Press, Nueva York, Londres.
POLANYI, K. (1944): The Great Transformation, Farrar y Rinehart, Nueva York.

09/05/2008 12:27 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU No hay comentarios. Comentar.

08/05/2008

Apuntes de feminismo revolucionario

Pa saber más sobre esti tema: http://asturies-llibre-y-dixebra.nireblog.com/

Artículu MUI asoleyáu en delles uebs del Estáu.

El capitalismo no es sino una de las últimas formas de explotación y dominación de los cuerpos. Esta explotación y dominación se remonta muy atrás en el tiempo. Abarca toda la historia de lo que, de manera muy pomposa, damos en llamar “civilización”. No hay constancia de que en las sociedades prehistóricas y pre-urbanas se diera la explotación y la dominación de los cuerpos. A lo sumo, las sociedades aldeanas practicaron hasta bien entrado el neolítico una primitiva división del trabajo en función del sexo, pero de ella no parece que se pueda deducir una dominación y explotación de los cuerpos etiquetados o marcados en función del sexo.

El inicio de la “civilización”, como ya indica el término, “cives” (como polis, ciudad y estado) es el inicio de una verdadera jerarquía social de dominación entre los seres humanos. El control de las entidades políticas a cargo de una elite aristocrática, guerrera, sacerdotal, o bien por una mezcla o simbiosis de ambas castas, es un control que incluye el etiquetado o el marcaje en función del sexo. De la mera diversidad de los cuerpos, que no atiende únicamente a la anatomía reproductora y sexual, sino también a las diferencias de edad, de raza, de capacidad guerrera, intelectual o laboral, se pasa a una rígida jerarquización en función del sexo ya “marcado” en términos de Poder.

El marcaje se hace de forma transversal, es decir, que la dicotomía socialmente creada de macho-hembra alcanza a todas las clases o castas sociales, si bien se modula según la clase o casta de la que se trata. Por ejemplo, en ciertas sociedades la mujer, aun habiendo resultado subordinada en función de un marcaje “civilizado” sufre una situación menos oprimida si ésta nace en una clase alta. En otras sociedades ocurrirá justamente lo contrario, y una mujer nacida con un estatus elevado sufre una mayor presión de marcaje precisamente por ello, en comparación con las féminas de las clases bajas. Se puede estudiar esta diferente modulación del marcaje sexual, observando la gran desenvoltura de que gozaba la hembra romana de la clase superior, en comparación con la mujer del populacho, por un lado, y el estricto código puritano y opresivo de la fémina de la época victoriana de la alta burguesía europea occidental frente a la mayor desenvoltura e independencia (relativas) de la obrera decimonónica.

El “rearme moral” que la burguesía occidental impulsó a lo largo del siglo XIX, y cuyas consecuencias llegan hasta hoy, se puede interpretar como una intensa campaña de colonización que las clases pudientes ejercieron sobre el proletariado con el fin de sujetar y controlar sus cuerpos y sus actividades corporales, no ya solo en el ámbito sexual y sus aledaños (matrimonio monogámico, crianza de niños, tamaño de los hogares…) sino en otros planos de la “vida civilizada” con el fin de que la obrera fuera un calco casi perfecto de la burguesa en el plano de la “moral”. De hecho, esta idea de la “moral” tal y como los burgueses la difundieron empleándola como consigna de colonización de cuerpos y hábitos de los proletarios y proletarias, no fue otra cosa que el enmascaramiento de unas relaciones asimétricas que el régimen de producción capitalista imponía.

Que la burguesía dominara al proletariado en el ámbito de la Producción, implicaba necesariamente una subsiguiente dominación de sus cuerpos y hábitos mucho más allá de la mera explotación laboral. Un régimen de producción, como demostró Marx, acaba siendo un régimen de jerarquización social, donde los dominantes se imponen sobre los dominados y cortan todos los vínculos que antaño permitían a éstos escaparse de la “trampa social” que era y es el capitalismo. Un régimen de producción dominante siempre consiste en un sistema que llega a imposibilitar la autosuficiencia de los dominados. Esto fue lo que ocurrió con el proceso de acumulación primitiva y la expulsión de los campesinos de sus granjas, tierras de autoabastecimiento, bienes comunales, redes de solidaridad tradicional, etc.

Ese campesinado expulsado a la periferia de la urbe y dirigido hacia la fábrica es el proletariado atrapado en un sistema productivo “sin escapatoria”, en el que no hay más remedio que producir para otro bajo los resortes, condiciones y medios que proporciona el otro. Pues bien, una vez logrado eso, es decir, una vez creado el proletariado por medio de todo un sistema de poder y violencia (leyes de cierres de terrenos, leyes de pobres, leyes de persecución de “vagabundos y vagos”, orfanatos, asilos, etc.), el paso siguiente fue el de colonizar los hábitos “libertinos” de los proletarios y proletarias. En realidad, a comienzos de la Revolución Industrial, Europa Occidental se encontró con dos culturas divergentes.

La cultura burguesa y la cultura proletaria. La cultura de los proletario y proletarias es muy desconocida históricamente, por aquello de que la Historia siempre la escriben los vencedores. Pero en todo caso sabemos que la burguesía reaccionó violentamente contra la proliferación de la subcultura “libertina” proletaria, pastoreando al proletariado según unas estrategias de control, dominación y sometimiento que arrancan ya de finales de la edad media. Fue así como la alianza entre la clerigalla y el capital emergente “inventó” una serie de instituciones como el matrimonio monogámico, el prostíbulo, etc. Instituciones que existían desde los albores mismos de la vida civilizada, pero que la nueva burguesía moduló para asegurar así un control total de cuerpos y de hábitos sobre el cual consolidar su dominación y sometimiento.

De una situación disociada, en la que la burguesía dominaba al proletariado que se estaba creando (y ello únicamente por medio de la explotación laboral) hubo de pasarse rápidamente a una colonización cultural: la parte burguesa de la sociedad exigía de la proletaria una emulación creciente ante el “escándalo moral” que significan los usos y costumbres espontáneas del proletariado.

El proletariado se colonizó de diversas maneras. Se dieron extensas campañas anti-alcohólicas, proyectos de re-evangelización, como los que luego formaron parte de Acción Católica y diversos sindicatos y asociaciones obreras de tipo cristiano. Se exigió el matrimonio heterosexual monogámico entre la clase obrera, persiguiendo cualquier otro tipo de uniones entre las personas (habituales desde la edad media) llegando incluso a su criminalización. Por lo demás, se extirpó cualquier forma de conducta espontánea de los obreros, tachándose de criminal, viciosa y pecaminosa.

En el origen de esta persecución de la diversidad encontramos todo un sinfín de instituciones (incluyendo las ciencias humanas) modernas, tales como el asilo, el presidio, el prostíbulo, la escuela reglada, el cuartel, el manicomio, etc. , así como una serie de “para-ciencias” que ya no pueden tildarse de humanidades, ni tampoco ser consideradas como ciencias en el sentido estricto, sino más bien como un corpus de técnicas de dominación, sometimiento o, al menos, control, que la sociedad burguesa va incorporando con el fin de lograr una colonización o domesticación del creciente contingente del proletariado.

Los espléndidos análisis de Michel Foucault, acerca de estas cuestiones, a mi juicio, hubieran ganado infinitamente si se les hubiera incorporado siempre una perspectiva de clase (es decir, marxista). Foucault subrayó que tales nuevas ciencias y técnicas de control, dominación y sometimiento no pueden ser meras superestructuras ni “instituciones”, y fue esta una consideración en la que el filósofo francés anduvo plenamente acertado. No son superestructuras sino estrategias, técnicas y procedimientos del propio capital y de sus mismos agentes en orden a consolidar su hegemonía sobre la clase obrera, así como formas aún más perfeccionadas que las tradicionales en orden a obtener plusvalía, con vistas a añadir y a potenciar a las técnicas tradicionales de la explotación de la fuerza de trabajo por cauces puramente económicos y mecánicos.

En efecto, la fuerza de trabajo puede ser crecientemente explotada por medio de una mayor inversión del capitalista en maquinaria, en tecnología que aumente la producción, que mejore el rendimiento. También puede hacerse, sin renunciar a lo primero, a través de una prolongación de la jornada laboral, etc. Pero la sociedad burguesa estaba (y está) absolutamente interesada en contar, además, con una dominación “moral” sobre la fuerza de trabajo a la que explota y a la que le chupa la sangre. La burguesía es, tendencialmente, fascista y esclavista y solo la resistencia de los oprimidos es capaz de romper o, al menos, obstaculizar sus intentos omnímodos de dominación no ya solo en el terreno económico sino también en el cultural y en el “moral”.

Es ahí donde cobra toda su importancia la historia de la explotación de los cuerpos, y su verdadera colonización a cargo de la sociedad burguesa ya en los siglos XX y XXI. Es en esta era de los medios de comunicación de masa, y de la “sociedad de la imagen” en la que el cuerpo humano, y de manera especialmente significativa, el cuerpo de la mujer, sufre un proceso de colonización y apropiación por parte de la burguesía consumista. Esta clase, esencialmente vampírica, se define por la posesión del capital y por ende, controladora de los medios de producción. Pero a su vez es la clase consumista por antonomasia.

A partir del marxismo más clásico, puede señalarse a esta clase como la responsable del desmesurado consumo de recursos energéticos para la producción, el despilfarro energético por su modo de vida, etc., pero normalmente no se ha puesto el acento, de manera suficiente, en la explotación y despilfarro de otros “bienes” que han entrado en un proceso de valorización. Y es que en esto, el capitalismo se muestra voraz, insaciable. Lo que antes parecía un recurso natural, e infinito, por tanto un don (“gratuito”) pasa a convertirse en valor de cambio, y en mercancía consumible. Y, claro, el grado y extensión en que se podrá consumir dicha mercancía estará en función no ya de restricciones morales (pues el capitalismo como tal es siempre muy cínico, no posee nunca moral y por ello se apoya en éticas prestadas, la cristiana, p. ejemplo), sino en función de restricciones del presupuesto del consumidor.

En este orden de cosas, se puede decir que hemos pasado de

(1) una moral puritana (victoriana) a la vieja usanza, basada en la marginalidad de la industria del sexo, con una dicotomía rígida entre matrimonio monógamo con corsé, por un lado, y el prostíbulo, o establecimiento empresarial dedicado a la explotación de cuerpos de mujeres a

(2) una mayor diversidad e intensidad de la industria del sexo, en la que últimamente se van incorporando los cuerpos de varones y niños y niñas, pero en la que sigue siendo la mujer y la niña la clase de víctima mayoritaria, a través de una serie de “salidas” que, lejos de poder tildarse como salidas laborales, son “salidas” encaminadas directamente a la conversión de la sustancia humana en “cosa” o “mercancía”.

El sistema capitalista ha optado, en el último medio siglo especialmente, por planificar una ampliación del consumo, dejando a un lado las salidas restrictivas propias de la era del matrimonio-burdel, y bajo la fachada de una mayor permisividad, lo que ha potenciado de manera inusitada es la conversión de los cuerpos, y especialmente de los cuerpos de mujer, en un territorio a colonizar y valorizar, en un objeto consumible de mil maneras, no ya solo a través de una fornicación mercantilizada, sino también a través de todas las técnicas de voyeurismo y juegos de dramaturgia sexual que, junto al anonimato del consumidor, se pueden lograr por medio las tecnologías de la imagen, el mercado editorial y de la imagen internet, etc.

Esta explosión de la “libido” que caracteriza el capitalismo senil de nuestros tiempos, en vez de constituir un paso hacia la liberación de las personas, representa más bien una profundización de la colonización sobre los cuerpos. Cabe preguntarse, como hizo Foucault, no ya por qué hay “represión sexual”, sino al contrario, a quién le interesa este caudal de estímulos de la libido y una estimulación mercantilizada tal y como ahora se hace.

Las imágenes poseen sobre la psique del consumidor un poder real, efectivo. La teatralización de posturas humillantes, sadomasoquistas, violentas, etc., que hoy transmite al público el inmenso negocio de la pornografía y de la prostitución en el sentido amplio (de la cual la pornografía no es sino un apartado), supone para la mujer –principalmente- un efectivo sometimiento, una verdadera dominación. Ésta dominación sobre las mujeres, esta imaginería de cuerpos sometidos, vejados, constreñidos, etc., se traslada a las relaciones humanas efectivas.

Se podría simplificar la cuestión diciendo que cuanto más se escenifique teatralmente -por medio de la pornografía o de la prostitución- una violación, ésta acabará por hacerse más “real” y más frecuente, superponiéndose a las relaciones sexuales igualitarias, y desplazando finalmente a éstas. La sociedad burguesa consigue siempre la meta de exigir al público un pago por lo que, en un mundo tradicional, era “natural” y a la mano. La “perversión” de toda la naturaleza (el agua, el aire, la tierra) que se ha operado dentro del capitalismo tenía que llegar, por fuerza, a la perversión del cuerpo humano, a la conversión de la mujer en esclava y en mercancía, y ello de una forma transversal y genérica.

Es una tendencia ésta que, si una revolución comunista no lo remedia, resulta imparable. El feminismo de verdad es el feminismo marxista y siempre es revolucionario. Este movimiento debería constituir el brazo derecho de todo movimiento comunista empeñado de veras en socavar las actuales relaciones de producción, que también son relaciones de dominación. En este brazo de lucha, las mujeres y los hombres deben trabajar juntos para sustituir el régimen de producción vigente (que propende como ya he escrito cien veces, al fascismo y al esclavismo) por un régimen comunista en el que se acabe definitivamente el proceso de conversión de los seres humanos en cosa.

Del estado insufrible de la mujer en su actual “marcaje” que la sociedad hace de ella, ninguna ventaja puede obtener el varón, pues el supuesto “macho dominante” se aliena en el momento mismo de canalizar sus relaciones con las personas alienadas del sexo opuesto. Los estereotipos del “cuerpo femenino dominado y colonizado” que tanta libido parecen movilizar en la actual sociedad de consumo global, son más que estereotipos, son tendencias finalistas reales, que el capitalismo y la burguesía dominante están insertando en nuestro subconsciente, como parte de su proyecto global de hacernos a todos y a todas esclavos, cosas.

Guerra al Capital.

Carlos X. Blanco

12 / 04 / 2008

La Haine

08/05/2008 09:00 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU No hay comentarios. Comentar.

07/05/2008

El Mundo en una Bolsa

Yá asoleyáo n´uebs estatales.

“La bolsa cae, y yo con estos pelos”. Hay tragedias en la vida. Para los noticiarios de estos últimos días, la bolsa de valores es primera plana. El hecho bruto, puramente descriptivo es ese: lo que subió baja. Lo baja, subirá. Lo que se mantiene estable, de seguro que no siempre estará así. Estos son los hechos para el experto en finanzas y para el inversor. Vivimos desde hace tiempo bajo el régimen del Capital Financiero. Un Capitalismo de signo parasitario que vive para apoderarse del Capitalismo industrial y la agricultura, la economía toda, y ponerlo bajo su control para así ahondar hasta extremos insoportables la explotación del hombre a escala mundial.

¿De dónde proceden esos valores bursátiles? ¡Sí! Esos multimillonarios valores de euros o dólares que se alzan como cohetes y bajan como el plomo por acción de la gravedad. Karl Marx nos dijo, siguiendo a Ricardo, que en última instancia todo valor procede del Trabajo. Millones de personas en todo el mundo se inmolan por horas al Trabajo, sudan, se desvelan, se matan, se hunden en la mierda, así todos los días de su vida, si es vida humana la esclavitud del trabajo, para poder rendir gota a gota una plusvalía al empresario o la sociedad anónima. La plusvalía que se arranca del trabajo de millones de máquinas humanas, de millones de cuerpos humanos, muchos de ellos niños, para que el Capital pueda engrosar sus arcas insaciables. Pero es que hoy el Capital de la maquila (esto es, el taller manufacturero de nuestros días), el de la Industria (ya sea la contaminante ya sea la alienante, o ambas cosas a la vez) está manejado por estas redes especulativas, y por ende, parasitarias, que dan por supuesta la premisa de que hay que sacar jugo a la vida de millones de esclavos cosificados para que una parte mínima de la humanidad “juegue”. Algunos jugadores arriesgados pierden, se desploman. Qué pena, ¿verdad? Pero aquí quien ya ha perdido de antemano es la clase obrera mundial su secular partida. El hombre no será libre criatura, digna criatura, hasta que no imponga de veras el socialismo–y a para ello será necesaria la fuerza, quién lo duda. Ninguna libertad hasta que la masa de los hambrientos y desarrapados, la masa de los explotados, no prenda fuego a la Bolsa, o al menos convierta su edificio en un Museo de los Horrores.

07/05/2008 08:16 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU Hay 1 comentario.

02/05/2008

Desfacer la Economía Política (partiendo d´Asturies)

“Lo que Marx ta constatando na EP [Economía Política] ye dalgo más qu´una crisis de fundamentos más o menos arguta. Lo que Marx ta constatando y afitando con toles sos lletres ye la realidá d´una crisis qu´acaba coles condiciones mesmes de cientificidá d´esta cosa nomada EP, que los clásicos pretendieron amosanos como una ciencia, al custionar la entidá teórica mesma de lo que defin a cualisquier disciplina científica como tala: el so oxetu”.
[G. Albiac, Al Margen de ‘El Capital’, CUPSA, Madril, 1977; p. 43].

Otra vuelta, apurro una cita del güei tristemente famosu tertulianu de la COPE, antañu marxista. Al rebuscu de vieyos papelos de mío, atopé ésta, y paezme que ta bien dicho lo qu´equí se diz. Efeutivamente, la Economía Política nun ye una ciencia. Ye más bien un aperiu ideolóxicu qu´afechiscó la burguesía ún dii col envís de tapecer les condiciones reales d´esplotación del home sobro l´home. Pero nun ye numái que la Economía Política seya una pseudociencia y, poro, haiga que la escaecer y sapozar. Non. Marx mesmu dedicó años de duru trabayu d´estudiosu y milenta páxines a estudiar la ciencia qu´Adam Smith y David Ricardo fixeron clásica. Tantu fo asina, que´l propiu Marx llegó a ser él mesmu un clásicu de la disciplina en custión, xunto a los otros grandes, grandes teóricos, grandes ideólogos tamién. Marx nun llendó´l so trabayu a poner un migayu de ciencia al delláu de los otros, o a espardir les llendes d´esta disciplina un cachu más alló. Qué va. Marx furó fasta lo más fondero del so oxetu, y algamando piedres maestres y muriecos d´esta ciencia, féxola taramiellar, custionando´l so mesmu oxetu, amosándolu como oxetu panada enternu, y poro, prediciendo´l fin de so en cuantes el Comunismu se llante na tierra. L´oxetu de la EP ye un oxetu movible, criticable nun ya dende fuera, dende una vista de páxaru, sinón un oxetu criticable y llistu pa españar cola praxis, cola Revolución.

Nada hai más asurdo qu´una “Economía Marxista”. Ésta nun pue ser otro qu´una “Crítica” de la
Economía del Capitalismu, una efeutiva destruición d´ella, destrucción que va más allá d´un esaniciu académicu. Ye una destruición de la so mesma funcionalidá na vida práctica y real de los homes. Baxo un socialismu “real”, nun hai EP dala, sólo habrá una ellemental contabilidá de necesidades, recursos, bienes y enerxíes afechisques pal home trabayaor que vive en sociedá.

Escribió E. Balibar:

“... sedría inesauto decir que la economía política en xeneral ye una disciplina dividida en dos grandes campos que s´enfrrnte pola igua de los mesmos problemes. Les teoríes económiques oficiales y la teoría marxista, la economia burguesa y la “economía” proletaria [...]. La teoría marxista nun ye una economía política.”

“Ehí tenemos por qué ye mester, llamentablemente, deceicionar a los güei bayurosos economistes que tornen dica´l marxismu pa tratar d´iguar los callexones ensin salida de la so teoría y de les sos técniques, na coxuntura del imperialismu y de les lluches de clases encarnispaes qu´esti afala. La idega de que´l marxismu ye quien a “iguar” les dificultaes de la teoría económica ye tan asurda como la idega de que los capitalistes foren quien utilizar la teoría marxista pa xestionar l´acumulación de capital. O que l´aplicación del marxismu fore quien a apurrir una “igua” a les crisis de la economía capitalista nel marcu de les rellaciones de produición esistentes, como si éstes foren el resultáu d´una “mala” conceición económica. La teoría marxista, na midida na que les muerganizaciones de clas (y de llucha de clas) del proletariáu se l´apropien y la desendolquen, sólo pue valir p´agravar y utilizar políticamente la crisis. Pon de manifiestu que la crisis nunca nun tien más de dos “igües” hestóriques posibles mui estremaes: l´enreciar de la explotación que reproduz sero o ceo les sos condiciones, o bien la tresformación revolucionaria del mou de produición”.
[E. Balibar, citáu en G. Albiac, op. cit., p. 49].

N´otres paroles: el marxismu ye una ferramienta pa fundir el capitalismu, pa facelu morrer, pa destruyílu dende dientro, una y bones somos a conocer los sos engranaxes. Nun val pa xestionar la crisis premanente del capitalismu y, a la fin, salvalu. Por eso los marxistes hemos ser como Cristu: “nun venimos a trayer paz sinón guerra”.

Y agora, unes pallabrines a unos críticos que m´achaquen nos sos comentarios al artículu “República Asturiana” nesti blogue de mio, va unos díes. Dicen que soi “idealista” al amestar nacionalismu y marxismu, y que na mio postura hai abondo de “voluntarismu”. Pero yo quixera dici-yos: ¿nun ye´l marxismu, y más entá, el marxismu-leninismu un titánicu esfuerciu de la voluntá coleutiva por esaniciar la explotación del home sobre l´home? De mano, la partida siempre la tien ganada la burguesía, con tol so Capital, l´Estáu y demás aparatos represivos. La ciencia de la Revolución nun ye otro que´l prometeicu esfuerciu por camudar les tornes. El marxismu, estimaos críticos, nun ye determinismu. Si determinísticamente´l capitalismu va fundise, de toes toes, o´l socialismu va aportar un añu o sieglu d´estos ¿pa qué los revolucionarios? Sentaríamos toos cómodamente nun sillón anochando la llegada d´esi díi, esa aurora del home nuevu, a lleer los llibros de Gustavo Bueno mentestanto, envede de tratar de entender y aplicar en serio a Karl Marx...


02/05/2008 17:57 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU No hay comentarios. Comentar.

01/05/2008

La castra que ye costra: toos a la cai.

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“Toa clas dominante, pues, satisfaz les necesidaes de la “so” sociedá, pero sólo a condición de qu´otros se tornen dependientes d´ella. Asina, una clas dominante nun ye un conquistador militar, sinón que, más bien, se compromete al caltenimientu y la reproducción de los que tan baxu ella ya intervién en reciprocidaes con ellos, proporcionando-yos delles furniciones y proteición a cambeu de la hexemonia. Pero ta ensiertu a esti ordenamientu xurídicu el que nun se satisfaguen igualmente les necesidaes de toos; los que controlen la satisfaición de necesidaes podrán sacar provechu d´ello; los dependientes, non”.
[A. Gouldner, Los dos marxismos, p. 363].

Nuna sociedá non socialista siempres hai una clas dominante que se presenta énte les demás comu “apurridora de servicios”. La clave de la estratexa revolucionaria siempres ha consistir, de mano, en denunciar el papel parásitu de los dominadores dientro de la Totalidá social. “El que parte reparte...”. El marxismu sabe, y tien de facer saber a la sociedá ensembre, qu´esa clas dominante nun ye necesaria pa lliderar la marcha de la sociedá nin pa empobinala dica dengún “Progresu”. Si lleemos la cita de Gouldner nun contestu asturianu, podemos algamar la comprendoria de cómu una nación entera pue ser rehén d´una “elite”, una castra caciploadora que nun merez tar onde ta, pos nun destaca por méritos, altor intelectual, nin tan siquiera per aciu del control directu de los medios de produición del País, sinón solo por motivos hestóricos y d´inercia colonialista. La elite surdida de cuadros sindicales y funcionariales nun ye más qu´una castra parasitaria bien untá a cuenta de les grandes corporaciones enerxétiques, les multinacionales, qu´arriendes tán enforma comprometíes col enfotu estatal de caltenemos comu Colonia. D´esta mena, Madril tien un problema menos (en Madril siempre dicen que 17 Reinos de Taifes son demasiaos pa la cosa española, y que numái debería haber 4 ó 5), y les grandes corporaciones cunten con Asturies como parque estractivu gratuitu.
Si un movimientu social patrióticu amosare que la sociedá asturiana nun tien mester d´esta castra dirixente -que ye costra y que ye llastre- entós podría´l pueblu güeyar que les potencialidaes de nuestro son quien a desplegase. Lo malo ye qu´esta mafia que “parte y reparte...” ye entovia talantada por munchos, trabayaores y burgueses, como imprescindible. El nacionalismu revolucionariu, esto ye, la única esquierda real p´Asturies, tien la misión de chalos a la cai. Desaloxu inmediatu.
01/05/2008 11:06 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU No hay comentarios. Comentar.

29/04/2008

Apurriendo a Gramsci

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“El poder capitalista pue considerase, (...), como un sitema topolóxicu con un centru móvil: en cualisquier crisis produz un redespliegue y el capital va concentrase de los sos preseos representativos a los represivos” [Perry Anderson]

 

La llucha de clases, en desixiendo llargos años de “guerra de posición”, desixe a la fin (ensin dexar cayer embaxu fases intermedies) de llucha violento, conquistes a la fuercia d´aquelles ciudadeles y balluartes caberos. Esto sábelo cualisquier marxista. Pero anantes de cobrar brenga pa dar la batalla final, hai que medrar y conquistar bones posiciones. Ye una guerra “cultural” o “civilizada” en bona midida, especialmente si se tien en cuenta que´l Poder gocia de preseos mediáticos, tribunes educatives ya informatives, hexemonia sobre la masa, etc.

 

Gramsci usó un métodu qu´a min me presta nomar “métodu d´ampliación semántica”. Esti métodu consiste n´estender el significáu políticu d´un términu, tantu, qu´a la fin, llegues a comprendelu per aciu d´un contraste col opuestu. Véi equí unos exemplos:

 

fuercia......................consentimientu,

dominación................hexemonía

violencia.......................civilización.

 

Precisamente, con esti métodu, había que s´entrugar nun yá por qué l´Estáu Español y el Capital exercen el so dominiu sobre la Nación Asturiana per aciu d´una montonera de aiciones violentes (que tamién les hebio y les hai) sinón más bien por qué hai dominiu colonial con consentimientu d´amplies capes de la sociedá. Anantes de saber cómo se mos pon la bota encima (eso ye cenciello sabelo), entrugase cómu hai la hexemonía cultural en forma como pa poder poner la bota encima del País. Cuido que´l métodu gramscianu ye bien afayaízu pal nacionalista asturianu güei.

 

Gramsci nun tenía un res de socialdemócrata nin d´anti-revolucionariu. Yera un leninista, y un bon filósofu, arriendes. Nel llibru de Perry Anderson Las antinomias de Antonio Gramsci, [Fontamara, Barcelona, 1978], denúnciase la maniobra que los “eurocomunistes” y demás reformistes fixeron nel so díi p´apropiase del llegáu de Gramsci. Gramsci, con independencia toal de Kautsky, aportó a posiciones asomeyaes en cuantes a la castra de guerra qu´había de llibrar el proletaríáu. La “guerra de posición” gramsciana parezse a la “guerra de desgaste” kautskiana. Pero en Gramsci, pesie al camarzu de la so dura esistencia na cárcele, nun dexó de ser un Revolucionariu. Tol so envís foi llantar guerra al Capital, y a los sos derivaos facistizantes. Porque´l Capital ye siempres una dictaúra, y n´ocasiones nes que pelligra, el Capital abraza´l Facismu, como diz la cita d´enrriba.

 

 

29/04/2008 09:47 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU No hay comentarios. Comentar.

23/04/2008

El marxismu nun ta

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“Les normes de racionalidá crítica coles que xulgamos al marxismu nun son en sigo mesmes oxetos eternos autónomos de la crítica que´l marxismu fai del mundu. Pa decilo dotramiente: el valor del marxismu nun se llimita a verdaes sociolóxiques d´algame mediu sobro la economía y la sociedá, sinón que tamién implica la crítica marxista de la mesma racionalidá crítica. El valor del marxismu deriva -[...]- en parte de la so capacidá p´aidanos a trescender delles llendes de la nuesa racionalidá hestóricamente evolucionada: esto ye, la cultura del llinguax reflesivu del discursu críticu. Ye nidio, poro, que´l marxismu afecta a los nuesos recursos intelectuales cabezaleros, y nun solo s´espeya sobro los nuesos temes sociolóxicos o económicos”

[A. Gouldner, Los dos marxismos, Alianza, Madril, 1983; p. 190].

 

De xuru, el marxismu nun pue reducise a ciencia positiva. Alcuérdome perfechamente de cuando baltiaron la Muria de Berlín. Lo qu´había al Oriente nun yera socialismu “real”, yera una llacería. Pero tamién ye llacería el “Paraísu del Consumu”, esi prostíbulu inmensu que foi lo que dende Occidente se llantó. El casu ye que´l Papa y los sos monaciellos con cátedra achaplaron abondo al marxismu entós, non tantu al falsu, al Capitalismu d´Estáu Soviéticu, sinón al marxismu comu corpus teóricu-filosóficu. Del armariu salieron munchos gargüelos nesti Santu y Benditu Reinu d´España allegrándose “Del fin de les ideoloxíes”, ye decir, de la esquierda de raigón marxista. De mano yá taben Popper y los neocons diciendo que nun yera´l marxismu refutable, poro, nun yera ciencia sinón una triba de relixón. Depués, cuando la foz y el martiellu yá nun teníen tanques, envede de criticalo por nun ser ciencia, criticáronlu por ser una ciencia “ refutada”, o refugada –en cuenta de refutada- pola lóxica achaplante de los fechos. Cayó la Muría de la Vergoña, poro, cayó la Ciencia Roxa de la Revolución... pero entós esto ¿qué ye? ¡Nun ye serio! ¿Ye ciencia o nun lo ye? Na guerra fría, yera irrefutable (non ciencia), depués yera ciencia yá refutada (o seya, una economía y una socioloxía, poro ciencia, anque los fechos hestóricos, a la manera hegeliana, achaplaren dambes les dos...

 

Nun ye lo uno nin l´otro. Cuando ún escribe sobro Asturies en clave marxista, dellos dicen, “otru que quier un paraísu socialista... como Cuba”. Otros dicen, “¡vaya unos preseos d´economía y socioloxía pa pescudar l´Asturies de sieglu XXI!”. Anden mui mal los d´un grupu y los del otru. La ciencia socialista nun ta al mesmu altor que la ciencia “burguesa” de la mayoría de los economistes y sociólogos de la universidá d´anguaño. Mayormente ellos almiten les vixentes rellaciones de produición, la lóxica del xuegu, les riegles de “racionalidá” ensin da-yos la vuelta p´amosar qu´eses riegles son falcatrúa pura. Por eso el marxismu ye filosofía y conceición del mundu, ye ciencia ideolóxica, esto ye militante. Arrinca d´una formación social concreta y d´ella desentrelliza y estrapalla les dominaciones y preseos concretos que torguen la so lliberación y el llibre desendolcu de les xentes que l´habiten. Poro, pa min el marxismu nun ta “refutáu”, solamente ta “refugáu” pola ciencia oficial, burguesa y colonizaora. Énte una “racionalidá” na que quieren que nos sapozemos toos, el marxismu ye la destruición mesma d´esa racionalidá.

 

23/04/2008 08:19 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU No hay comentarios. Comentar.

22/04/2008

Otru migayín pa un marxismu asturianu

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“Marx, pues, ufre delles esplicaciones de la persistencia de l´alienación. Una d´elles céntrase na división de la sociedá en clases, de mou qu´esta persistencia ha debese en parte a la hexemonía de la clas dominante, al so interés en caltener los sos privilexos y al so control de los medios de comunicancia, polo que les sos idegues dominen inclúi la concencia de los más alienaos. La segunda rempuesta ye qu´unos y otros son comúnmente dependientes de, y tan torgaos pol sitema social dientro del que caún tien la so posición ya identidá sociales. La tercer consideración rellaciónase col fechu de que, puesto que yá se la recibe hestóricamente del pasáu, la sociedá y la cultura son, al entamu, el mediu d´esistencia sobre´l que nun se reflexona, y polo común nun son xulgaos problemáticos o potencialmente modificables.”

[A. Gouldner, Los dos marxismos, Alianza, Madril, 1983; p. 219].

 

Ye fundamental refacer una mocedá n´Asturies, con sentíu criticu y militancia arrecha. Anguaño hai una rellación directa ente l´alienación asturiana y l´ablayu demográficu que cadecemos. Ente los emigraos, ente los mayaos llaboralmente y policialmente, y los no ñacíos, porque estos –curisoamente- tamién cuenten, Asturies ye un País avieyao y poro, remanao por una cúpula xerontocrática privilexiada y que caltién el control ideolóxicu de los medios de comunicancia y de les demás tribunes educatives ya ideolóxiques. Con una cúpula tan privilexiada, la cadarma social del País semeya ser la d´un gran xeriátricu, onde toa disidencia y rabalbu tiende a ser tratada como
”patoloxía” que desixe medicación y tratamientu. Los “radicales” tendrán, poro, “problemes hormonales”, berbuya d´adolescencia, influxos batasunos y “allonxamientu de la realidá”. Escontra esti paternalismu neofascista hai mester: a) a llargu plazu refacer la cadarma socioloxica del País, con midides que, inclusu contra el Gobiernu “Rexonal” aliten el campu, espierten la natalidá y afalaguen cooperatives y pymes de xente que col so trabayu nun dependa de preselbes oficiales (ye difícile, lo sé, pero nun hai otro).

b) a curtiu plazu, nun dar tregua na cai, na fábrica, nel institutu, onde seya, a los cipayos y a la cúpula privilexiada que nunca va querer camudar l´estaus quo de la so rexón, incluí depués de retiraos.

El marxismu ye la ciencia de l´alienación, ye la praxis de l´anti-alienación.

22/04/2008 09:40 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU Hay 1 comentario.

21/04/2008

L´alienación del indíxena colonizáu

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El que nun quier imaxinar una sociedá desalienada acepta l´alienación y, poro, incapacítase pa talantar científicamente el mou de furrulamientu de la sociedá. Si la ideoloxía ye la concencia falsa, alienada, d´una sociedá alienada, la ciencia d´esta sociedá nun ye separtable de la so ideoloxía. La ciencia real y totalmente desalienada nun esiste entá, pero somos quien acolumbrar la lliberación humana una y bones se ye consciente de la falsa concencia. Convién recalcalo: la razón y la emoción son los productos insepartables del ser y de l´actividá del home, animal y non animal, social ya individual”.

[Samir Amin: Imperialismo y Desarrollo Desigual, Fontanella, 1976, p. 94].

 

Asina como l´home-mercancía ye una realidá a la que la humanidá “civilizada” paez de sobra acostumada, bien baxo forma esclavista, servil o asalariada [castres toes elles d´una mesma Esclavitú Xenérica] otru tantu pue decise de la mercantilización o “valorización” de la Naturaleza. Esti procesu tuvo precedentes pre-capitalistes nos cualos la espansión de estaos o imperios supunxo´l control del mediu, o d´otros pueblos, y, per aciu de tala valorización, el sometimientu y dominación de los mesmos. L´imperialismu pre-capitalista, tantu comu l´actual, significó siempres el consumu de los ecosistemes d´otros. El vencíu, el domináu (“Pro-vincia”) ye l´habitante d´un territoriu llistu pal consumu d´una capital o centru esplotador. Dende va miles d´años, y pa nós, dende les dómines de Roma, l´alienación del vencíu consistió en trabayar y vivir nun territoriu reducíu a ser fonte de granible, brazos y materies primes. L´agricultura y demás recursos (pecuarios, forestales, minerales) dedícase a la exportación forzosa al centru capitalinu. Los consumidores d´esti, especialmente si esfruten de bon nivel de vida per aciu de la posesión de delles colonies, iñoren entovía más la procedencia de los materiales y bienes qu´encloyen. Al empar, les colonies o provincies (éstes últimes nun son más que colonies integraes baxo una mesma superestructura política) exporten con iñorancia total del valor de los materiales de los que se desprenden. Ye una iñorancia que se rellaciona directamente cola ausencia de control sobre lo que se-yos va de les manes.

 

Asturies ye Colonia, ye Provincia alministada colonialmente. Cientu por cien se-y pue aplicar esta definición marxista. Una “pequeña” y “vieya” Nación, como escribí abenayá, pero con una gran alma y un fondu sintir dixebriegu, davezu tan fondu qu´hai xente que nun lo quier ver. Va tiempu que llevamos dando carbón, aceru, vides, y más coses, la nuesa mesma hestoria y los mesmos símbolos del nuesu sintir coleutivo. Asturies tolo regala, por gustu, o la fuercia. España arrampuñó con too ello. Agora España, la Colonial, quiei güei de nós la enerxía, mañana clamiará pela agua abondosa nuestra. Nun sé, pero nel nuesu ablayu pémeque un díi van poner nel País una Central Nuclear, pos si algamen poner la Regasificaora y too eso del Muselón, yá van sintise con arrinchones pa metenos lo pior qu´ún puea imaxinar.

 

Sí, somos indixenes colonizaos. Si estudiamos ciencia social en serio, ciencia marxista, l´alienación que llevamos encima un díii entamará a dilíise nel intre. Yo toi comencíu d´ello.

21/04/2008 10:09 Autor: carlosxblanco. Enlace permanente. Tema: MARXISMU Hay 1 comentario.

04/04/2008

Sobre la empanada mental de los comunistones españoliegos.

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Abertzales pero españolones (y viceversa)

 

Descubrí l´otru díi qu´estos dos estremos nun son incompatibles. Caben na mesma empanada de delles cabeces y uebs.

  

Teo pa min que la esquierda estatal, inclusu la esquierda que ta a la esquierda d´IU, tien una empanada monumental, o lo que vien a ser peor, una esquizofrenia perfonda.

Nun sé si la mio esperiencia, puramente presonal y muncho “virtual”, pue valir pa esclariar esos síntomes que detecto, pero vamos a ello. La cierto ye que, lleendo delles uebs d´esa esquierda a la esquierda pue sacase una imaxe esquizofrénica de dalgunos que se nomen a sigo mesmos “revolucionarios”. Yo noté va poco que dalguna ueb “roxa” ye más españolona qu´un toreru con tricorniu y, pa más guasa, aveza disimulalo con un carropotáu d´articulos “abertzales” sobre´l conflictu vascu. Un amigu míu comentó, cuido que con bon xacíu, que ye como si los ex-comunistones tovieren yá mui interiorizáu´l Mapa de les Autonomíes tal y como surdió de la mal nomada “Transición”, como cosa intanxible, y que´l Reinu d´España tien yá la cuota llimitada de Tres Naciones “hestóriques” (col paquete de nacionalistes electos incluyíos), y llueu ta esa cosa amorfa del “Estáu” o “Restu” onde tien que tar incluyía Asturies por ñarices. Ye una esquierda a la que se-y llena la boca col radicalismu que, al paecer, yos-llena de gloria heroica al facer “frente común” xunto col independentismu vascu, pero que  pal “Restu” namás mos queden les “lluches obreres” (engarradielles socioeconómiques ensin sencia “identitaria”). Toi fartu. Yo nun soi españolón nin tampocu abertzale: soi asturianu (y con eso teo bastante, como diz la copla), y teo que decir que me paez cafiante esa esquizofrenia y ciudo qu´amosa -nel fondu- un españolismu implícitu iñorante, y cuido tamién que nun ye tan estremáu del nacionalismu español del rodiellu PSOE-PP-IX.

 

Anguañu, Asturies nun pinta un res nel Estáu. Eso nun ye un descubrimientu, ye una verdá va tiempu palpuñable. Nun cuenta nes decisiones fundamentales del gobiernu de Madril, nun cuenta un res nos cambalaches ente lo central y los tres gobiernos nacionalistes reconocíos como “hestóricos” (vascu, catalán, gallegu), ná de ná. Lo qu´a modu voi descubriendo ye que tampocu pinta un res pa la esquierda a escala estatal, y repito que por esquierda nun me refiero a la falsa esquierda del PSOE ya IU, alrodiu de la cuala yá se me conocen les míes opiniones, sinón a una parte de lo que quier amosase como esquierda “revolucionaria”, “alternativa”, “marxista dafechu”... Esa que nun algama munchos votos a escala estatal pero ta activa nes uebs, nos movimientos de contestación callexeros o llaborales, etc. ¿Qué ye lo que cunta Asturies pa ella, digo, pa esa esquierda real de Payares p´abaxu?

 Voi cuntar la mio esperiencia. Esta ye escasa en munchos temes, pero dalguna teo tocántenes a espublizar testos na ueb. Fuera de la esquierda oficial teo de reconocer la mui bona acoyida n´España de testos míos en castellán alrodiu de temes como teoría marxista, imperialismu, anti-patriarcáu, ecoloxismu, quésiyo, tolo que nun cinque a Asturies. Cuando col pasu de los años los testos míos sobre Asturies llegaron a ser numberosos, la cosa emprimó a camudar. Diréis que qué inocente, querer asoleyar los problemes nuestros perendayuri, y non solo nes uebs de casa. Pero equí caltenía yo dellos plantegamientos, agora creo qu´enquivocaos:  1) Cuidaba que´l problema de colonización d´Asturies yera mui pocu conocíu n´España, qu´había que pañar solidaridá perehí. 2) Yo soi un “desterráu” y vivo en Castiella, y paezme cafiante l´altu gráu d´iñorancia nel Estáu sobre l´idioma asturianu y el pasáu nacional d´Asturies, y quería camudar fuera la imaxe cuadonguista que, quieras o non, sigue cadeciendo Asturies per España, inclusu ente la esquierda. 3) Pensaba que l´alta saturación d´información “alternativa” o “contra-información” d´abondes uebs sobre los problemes d´Euskalherria podía ser compensá por un migayín modestu de mio, falando d´un País –tamién con anbondos ya graves problemes- un país como Asturies, digo, que paez que tien que pedir permisu pa esistir como nun seya pa que d´España vengan a moyar el culu en Llanes o tirar papelos y char mexaes nos Picos d´Europa (anque hai tamién turistes que vienen a Asturies con ciñu, rispetu y educancia, les coses como son). 4- Cuidaba que dalgún díi se podríen amestar alliances y solidaridaes ente los marxistes y esquierdistes menos “españolones” (cásique toos los que foren críticos con IU) del Estáu, y los esquierdistes y nacionalistes d´Asturies Ai, agora toi viendo qu´hebio un erru de mio parte. Va pocu, recebí un “convite” d´una ueb d´eses (nun la nomo, qu´eso ye equí lo de menos, interésame´l síntoma) diciendo que yá me val col xiru “asturianista” de los mios testos. (¡Pa encima eso, yá lo llogré: apellídenme “asturianista” en Madril!, ja, ja, ja). Yo pensaba que fuera d´IU nun había tantes mentes-cates que siguieren cola cantinela aquella del centralismu-democráticu, o´l cuentu esi de que ye incompatible´l marxismu col nacionalismu (o, meyor, el patriotismu). Error míu de los gordos... Yo llevo años faciendo esa mestura, lo meyor que pueo y sé, la síntesis d´un marxismu nacionaliegu, pero arriendes yo nun la inventé. La mesma ueb (madrilana, estatal, y non vasca pa más señes) que me dixo “yá val d´asturianismu”, y esto ye risión, esa ueb calca y pega por embargu milenta artículos del Gara, y d´otres uebs de la esquierda abertzale vasca (¿y esa esquierda nun se define “nacionalista y marxista”?). Espublicen tantos panf