Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.
Resumen
- 09/01/2007 11:33 - Antipatriarcado y Marxismo
- 15/01/2007 12:18 - En contra de la izquierda oficial
- 26/01/2007 17:43 - Nota aclaratoria dirigida a El Catoblepas
09/01/2007
Antipatriarcado y Marxismo
Antipatriarcado y Marxismo. Carlos X. Blanco.
Al capitalismo siempre le interesó que fueran removidas aquellas relaciones sociales que obstaculizaban su avance. El feudalismo, la ligazón del hombre a la tierra, el carácter no alienable de ésta... toda institución, ley o estructura social que impidiera la obtención de plusvalías por el único medio posible, por la explotación de la fuerza de trabajo humano, debía ser borrada del mapa. Pero aquellas otras relaciones sociales que, cambiando lo que hubiera de cambiarse, fueran a resultar neutras en el avance del capitalismo o, incluso, garantizaran un ambiente político-social estable y propicio a la clase dominadora, estas relaciones decimos, debían mantenerse a ultranza.
Póngase por caso el Patriarcado. Al igual que otras instituciones o, en general, relaciones sociales, el Patriarcado es muy anterior al Capitalismo. Sucede algo similar con la sacrosanta Propiedad Privada. Esta existe antes del capitalismo, si bien éste régimen de producción posee la capacidad de adaptar las instituciones anteriores a sus requisitos, modificando funciones o rasgos. El Patriarcado puede tener miles de años en algunas culturas, si bien en la prehistoria no fue más que un sistema excepcional y dependiente de ciertas condiciones materiales o ecológicas. En otras culturas, en cambio, sólo en fechas recientes y, por lo general por la imposición de modelos estatales o por la colonización occidental ha venido a imponerse no ya sobre matriarcados en sentido estricto, sino en general, sobre otros patrones culturales en los que la mujer gozaba de mayor respeto y protagonismo social. El Patriarcado no es, en modo alguno, una “institución” natural, eterna, un a priori. Más bien los diferentes regímenes estatales han difundido esta versión falsa de la historia que llega hasta el capitalismo moderno. Por lo que al régimen capitalista de producción –hoy de alcance mundial, salvo “islas” cada vez menos amplias- se refiere, hay que decir que éste sistema siempre se valió de la estrategia de “naturalizar” una serie determinada de relaciones sociales, cuyo origen es en todo caso cultural, aprendido de generación en generación y enteramente contingente a la historia adaptativa de una cultura a su entorno. El mantenimiento de una explotación fundamental –no la única- como es la explotación de clase, de la clase trabajadora mundial a cargo de la burguesía parapetada tras las Sociedades Anónimas, encaja bien con el mantenimiento de una serie de relaciones de control, sometimiento y dominación del hombre sobre la mujer. El control, el sometimiento o la dominación no son tipos de relación estrictamente económica, para ella reservaremos el término explotación. Aunque por supuesto son relaciones que facilitan sobremanera la explotación de una determinada persona si esta pertenece a un sector disminuido en derechos o sometido, tanto es así que, en vez de darse una “explotación normal” acorde con los altibajos de la ley del valor en un mercado de trabajo (donde el trabajo es una mercancía más, que se oferta y se demanda), se puede hablar ciertamente de una ultraexplotación. La explotación “normal” a veces es muy dura, y extenúa las fuerzas del@ explotad@ hasta el punto de retirarle sus bienes mínimos indispensables para sobrevivir, y aún así se la toma por “normal” bajo las leyes –bien poco humanas- del mercado. Ahora bien, la “ultraexplotación” tal y como aquí se la comprende significa el aprovechamiento de una situación comprometedoramente mala de un colectivo o grupo de personas que por distintos motivos, a veces en origen extra-económicos, de entre los cuales resaltan el género y la raza, y cayendo en una imposibilidad de defenderse como verdaderos oferentes de su capacidad de trabajar, resultan además de sometid@s, explotables en grados intensivos, fuera de toda ley del valor, en una situación más y más cercana a la esclavitud o la verdadera cosificación. Estas personas más bien son tratadas como medios de producción. A ellas se las retira –bajo ciertos prejuicios culturales, religiosos, etc.- su capacidad autónoma para dejarse explotar. Más bien son mercancías de compraventa intermediadas por otros individuos. Igual que de una máquina o apero se espera su aprovechamiento y amortización hasta el desgaste definitivo, en el límite, el sometimiento de nuestros días no es simplemente un caso extremo de explotación económica. Es un caso de sometimiento cultural, antropológico, axiológico, etc., que permite la ultraexplotación económica, su máximo aprovechamiento del trabajo para sacarle un jugo –plusvalía- que irá a las arcas del capitalista. Con ello no quiero argumentar que la lucha contra el Patriarcado, estratégicamente, deba ser del todo independiente de la lucha contra el Capital. Justamente lo contrario. En paralelo, dar pasos contra todo género de control, dominación o sometimiento de la mujer al hombre, significa –sinérgicamente- dar duros golpes al Capital, y viceversa, en lugar de avanzar al modo del feminismo burgués, hacia la conversión de la mujer en un andrógino genérico, homologable como patrona, ejecutiva u obrera, a un hombre, pero explotadora y explotada según los casos, el movimiento antiPatriarcado revolucionario debe entender que avanzar hacia el socialismo consiste en dar oportunidades a una liberación de la mujer. Pues así como el socialismo consiste en socializar los medios de producción tal y como se entienden tradicionalmente (tierras, fábricas) también hay en ese nuevo régimen una oportunidad para socializar las tareas convencionalmente tenidas por “femeninas” (casa, niños, etc.), pues son servicios y cuidados enteramente sociales. El socialismo acabaría por introducir un comunismo en instituciones como la familia, el hogar. Toda mujer en el socialismo es obrera, contribuyente productiva a la sociedad, y toda necesidad social, incluyendo las de la vida doméstica, habrán de entrar en un proceso revolucionario de socialización. La extensión de guarderías en los centros de trabajo, la aportación del varón a la crianza de los niños y a los trabajos domésticos, etc., no es más que ilustración de unos tímidos avances dentro del propio capitalismo en un proceso que, bajo el socialismo, se “revoluciona”, pues el propio hogar y la propia institución familiar, sin perjuicio de que se preserve su “intimidad”, se colectivizarían radicalmente. La clase capitalista actúa como un todo cuando en ciertos estados, como el español, es claramente reacia a la contratación de mujeres (como se ve en las estadísticas de ciertas profesiones) y al mismo tiempo a aquellas que se contratan se les paga un porcentaje sensiblemente inferior al de un varón. La astucia económica – muchas veces inconsciente, una mano invisible- es la que logra que un comportamiento prejuicioso y estúpido, un machismo patronal difícil de comprender en estos tiempos, sea al mismo tiempo altamente rentable para patronos concretos e individualizados que pueden decir: “Te contrato, a cambio de menos, pero es que además te hago un favor”. La estupidez del conjunto de la clase patronal es el chollo del patrón individual. Algo semejante ocurre con la segmentación de los trabajadores en nacionales y extranjeros y, a su vez en éstos, entre legales e ilegales. El patrón cínico puede decir a su empleado: “Te estoy dando una oportunidad explotándote”. Ni que decir tiene que estas segmentaciones perjudican a la clase obrera como un todo, si las consiente. En el caso del Patriarcado combinado con la explotación económica, constituye un auténtico desastre, tanto para el obrero como para la obrera. Al crear divisiones internas a una clase, al consentir una segmentación en función de criterios extraprofesionales, puramente externos, como es el caso del sexo, la clase obrera permite como un todo que haya un lastre a la baja de los salarios, comprometiendo a los estratos “normales” (según la ley del valor) de salarios en cada escala o sector profesional, “normalidad” que usualmente llega a los varones que, sólo de forma transitoria, pueden –estúpidamente- sentirse privilegiados ante las hembras, pues la ultraexplotación femenina tira hacia abajo de su nivel de salarios. Entiendo el feminismo revolucionario, o el antiPatriarcado, entre otras cosas, como una lucha en la que se puede lograr una unidad real de la clase obrera –nacional o universal- contra la burguesía y el Capital. También lo entiendo como un deber histórico de nuestras posibilidades como civilización. Esto es, estamos moralmente por debajo de lo que debíamos haber aprendido de la Historia. Los sometimientos, el control o la dominación de unos seres sobre otros, con o sin finalidad económica, constituyen un primado del horror y del dolor sobre la naturaleza humana. Aunque haya científicos sociales que “naturalicen” el control del hombre sobre la mujer aduciendo motivos o causas ecológicas, adaptativas, funcionales, etc., hay pocas dudas respecto al carácter socialmente construido de esa dominación. Asociado a patrones estatalistas y militaristas de civilización, el Patriarcado es compatible no obstante con otros modos de Producción. Si bien el capitalismo –en su faz progresiva- dejó ver las posibilidades de una homologación de la mujer con el hombre, en cuanto a su utilidad productiva como obrera, y posibilitó el acceso de las mujeres a las fábricas y a los jornales obtenidos en ellas, el capitalismo sólo abre las puertas a una mayor “conciencia” de lucha. El socialismo empieza cuando esa conciencia se traduce en voluntad de acción y en acción revolucionaria. La mujer de las sociedades agrarias malamente podía salir de sus cárceles domésticas, juntar voluntades y acciones colectivas, adquirir conciencia. Hoy, en la llamada “era de la información”, hay sin embargo un uso y abuso de la manipulación de imágenes precisamente destinadas a perpetuar el sometimiento femenino al varón. Dándose muchas condiciones objetivas para la superación del Patriarcado, cuando menos en el “primer mundo”, sin embargo se refuerzan las más rancias actitudes, clichés y valoraciones, en gran medida con el fin de no modificar las actuales condiciones de explotación. Películas, anuncios, programas de TV, o estrellas de la fama, bombardean el subconsciente colectivo asociando a la mujer y a su cuerpo con situaciones de dominio, sumisión, objetualización. La mujer en la presente sociedad de consumo, ya puede tener nombre y apellidos, profesión, dignidad, derechos, autoestima, etc., en muchos casos concretos, que por lo que hace a la sociedad de consumo en general no sigue siendo otra cosa que un “ente” puramente objetual, una máquina sexual, una fuente de placeres sensuales, un objeto de usar y tirar. La estética consumista, capitalista, que se ha fabricado en torno a la mujer “ente” es –evidentemente- la estética adecuada a la sociedad de la Mercancía. La mujer genérica, y lo que ella puede ofrecer al varón, es Mercancía. A su vez, una vez adquirida esa Mercancía (por medio del matrimonio, la prostitución, la pornografía u otras formas de ocio erotizado), se suelen reaprovechar los más viejos clichés del militarismo, el machismo o la violencia de género (el derecho de uso y abuso tan característico de la propiedad privada). Una vez comprada la Mercancía femenina, en un régimen como el capitalista que se asienta en la propiedad privada y en la Mercancía, el adquiriente “varón” se convierte en “amo y señor”. El comunismo, entre otras cosas, será la superación de todo esto. http://carlosxblanco.blogia.com/15/01/2007
En contra de la izquierda oficial
En contra de la “izquierda” oficial. Carlos X. Blanco.
Los términos del lenguaje, y más específicamente, los del lenguaje político, acaban siendo una moneda que se desgasta con la circulación, pierden su valor original y, mucho peor aún, acaban en manos perversas y resultan objeto de tergiversación o monopolio. No se puede dudar de cuán rentable resulta para algunos el confusionismo y el monopolio de los términos. Hace ya mucho que los términos “comunismo” o “socialismo” en manos de la socialdemocracia o del estalinismo dejaron de presentar un significado palpable, reconocible. Otro tanto se podría decir de muchos vocablos, como “libertad”, “democracia”, “revolución”: en la más pura línea orwelliana han pasado, en una o dos generaciones, a significar algo muy alejado de su sentido origina. Justamente lo que desea el fabricante de discursos, esto es, el detentador de Poder.
En el mundo occidental, y más en concreto en el estado español, la palabra “izquierda”, a raíz de tanto desgaste, manipulación y deterioro del lenguaje, consta entre las más difusas y extravagantes si nos atenemos a su uso real, y peor aún, al sujeto que las emplea. Es mucho más que un sarcasmo que el PSOE, el partido masivamente votado en varias convocatorias de “democracia formal” tras la muerte de Franco, y con el historial de llevar a cabo apenas una mera oposición testimonial al General en la época de la clandestinidad, se arrogue de forma reiterada su condición de formación de “izquierdas”. Los que tienen edad, memoria, o una combinación informada de ambas cosas, nunca olvidarán que fueron estas siglas las que traicionaron la esperanza del “Cambio”. Tras una campaña de terrorismo mediático el estado ingresó en la OTAN, una organización tradicionalmente vinculada a los ideales de la izquierda más progresista ¿verdad? Además, en la más pura línea de los ideales ilustrados, estos socialistas o socialdemócratas, hicieron gala de la existencia y un uso feliz de los “fondos reservados” para la guerra sucia (en otros países, se denominan los “escuadrones de la muerte”, los “paramilitares”, etc.), con secuestros, corrupción y crímenes de estado incluidos. En fin, puede admitirse que a la izquierda del abanico de las opciones ideológicas posibles, exista un espacio para siglas abiertamente socialdemócratas que, de un modo u otro deseen hacer sus componendas con el Capital, sin entregarse por ello a un desmantelamiento profundo del estado del bienestar y de la economía social. Tal opción existe en todo el mundo, desde hace mucho, y en el juego parlamentario-electoral puede tomarse en cuenta seriamente como izquierda, con todas sus inconsecuencias y fracasos históricos, pero izquierda al fin y al cabo. Lo peculiar del estado español es que esta “socialdemocracia” del PSOE no fue ya una componenda esperable con el Capital, o un rendirse a las claras con respecto a sus dictados más implacables. Es que el “desencanto” que Felipe González, Guerra y todos sus secuaces consistió en hacer componendas también con otros poderes fácticos típicos de España que, junto al Capital, vigilaron férreamente la transición y bajo la amenaza constante del ruido de sables exigieron su cuota de poder postfranquista, como fuera la Iglesia, el Ejército, la Monarquía. Todos aquellos años felipistas, como éstos de ahora, zapateristas, son años de desperdicio y vergüenza para una verdadera izquierda. El PSOE histórico ya contaba, antes de la guerra, con el dudoso honor de haber pactado con el dictador Primo de Rivera para cargarse a la competencia obrera, anarquistas y comunistas. Su ambivalente posicionamiento con respecto a la ideología marxista y revolucionaria estuvieron en la base de la desunión obrera y republicana ante el avance del fascismo en la Revolución Asturiana y en la Guerra Civil. Ni siquiera pudo demostrar una ideología coherentemente socialdemócrata, esto es, fundada al menos en parte en el marxismo, por más que se renunciara abiertamente a la revolución y a la concepción de la historia de lucha de clases. Cuando Felipe dijo aquello de “hay que ser socialistas antes que marxistas”, me pregunto cuántos militantes y votantes pensaron en el alcance de semejante necedad. ¿De qué socialismo hablaba el “Dios” o el “One”? Pues hasta la socialdemocracia de veras, lejos de la vía revolucionaria, está obligada a reclamarse del marxismo a la hora de ir aboliendo lenta y gradualmente la división de la sociedad sin clases. No, el “Dios” tampoco pensaría en el socialismo utópico, en algún experimento premarxista. En su mente tenía, en aquel famoso discurso, poco más que la intención de abusar de la terminología y de la simpatía obrera por ciertas consignas y valores, con el fin exclusivo de llegar al poder. Su socialismo fue el de sus ministros de Economía, como los inefables Boyer, Solchaga, Solbes. Su socialismo fue neoliberalismo que transformó las potencialidades industriales del estado español en una inmensa playa turística, conectada por AVE y enladrillada hasta el pie de ola. Su socialismo fue el del “pelotazo”, de tipo financiero para sus descamisados con ansia de riqueza y despachos, y también el pelotazo de goma que la policía antidisturbios enviaba al obrero que defendía su puesto de trabajo. Estas siglas mandan de nuevo. Son “izquierda” ¿verdad? Es muy fácil dárselas de izquierdista en un estado, como el de España, en el que una derecha cavernícola no encuentra su propia “reconversión” con respecto a sus orígenes (franquismo sociológico, Opus Dei, jesuitismo, golpismo). Es fácil presentarse como izquierda valedora de las esencias centralistas frente a otras izquierdas nacionalistas que, según coyunturas oportunistas, serán aliados y gente “de progreso” o bien peligrosos separatistas e insolidarios. Todo dependerá del momento. Estos santones del progreso y de la izquierda “moderada” tienen comprada incluso a su versión radical. Radical en cuanto a las formas que no en cuanto a contenidos reales. Nos referimos a una Izquierda Unida que, tras disfrazar vergonzantemente su raíz comunista y sus siglas históricas (PCE), con todo el lastre moscovita y estalinista que hubieren de arrostrar, no ha conocido otra reconversión que la de calcar los idearios “socialdemócratas” y “progresistas” de sus ahora hermanos mayores, el PSOE. El llamado “voto útil” les evita, porque destinar a IU un voto era y es, a ojos de muchos, como desperdiciar la verdadera oportunidad de engrosar la máquina de un PSOE que les tienen fagocitados ideológicamente desde hace décadas. Un poco de retórica “revolucionaria”, “ecologista”, “pacifista”, “feminista”, etc. , ya no asusta a casi nadie, porque todo el mundo sabe que estos “comunistas”, una vez en el poder por vía electoral respetarían la sacrosanta ley del Capital, la ley del Imperio Yanqui, así como los compromisos sagrados con la UE y de la OTAN. Y en cuanto a renegociar con el Vaticano para hacer del estado español una república laica, y con soberanía íntegra, tampoco parece muy claro que haya voluntad decidida en este terreno. IU es la versión retórica de una socialdemocracia pro-capitalista y pro-sistema, que ansía escaños antes que transformaciones reales, y siempre está dispuesta a vender baratos sus votos al hermano mayor cuando éste se los pide. IU viene a ser una corriente interna del propio PSOE: no sé por qué no hacen caso a Carrillo, ese supuesto apóstata del estalinismo (y sólo manifiesta apostasía quien tuvo una vez fe). Que desembarquen todos los submarinos en la costa continental. En ese gran monopolio de los valores de la “izquierda”, el PSOE, donde habrá suculentos cargos a repartir. La lucha política es siempre, cuando menos, una lucha terminológica. Ocupar un espacio en el terreno del discurso, evitar que otros lo usurpen, etc. Las sociedades occidentales, salvo colectivos desconectados entre sí y frustrados por motivos diversos (v.gr. las minorías) son totalidades que se van adaptando al sistema general de integración que el capitalismo monopolista y transnacional ha ido creando para ellas. Intégrate o muérete. La inexistencia –salvo testimonial- de una izquierda real, contestataria o revolucionaria es el paso seguro hacia el autoritarismo puro y duro. El sistema de integración creado por el Capital, y que se vale espléndidamente del estado y de sus mecanismos formales de democracia, sitúa a cada individuo y colectivo en una serie de posiciones restringidas, en las cuales los márgenes de maniobra aparecen recortados y preestablecidos. Así, en el mercado de las ideas, los valores y las actitudes, sólo hay dos o tres elecciones “legítimas”, como ocurre ya con el mercado de los votos, y fuera de ellas reina una terrible e insoportable oscuridad. El monopolio del discurso de esta “izquierda” pro-capitalisa, pro-clerical, pro-yanqui que en el fondo ejercen PSOE-IU está representando una estigmatización de todos aquellos otros discursos, términos y valores de una izquierda que, no hace tanto, pretendía transformar la sociedad, poner coto al Capital, al Imperio, etc. La máxima integración entre la izquierda oficial y las grandes burocracias sindicales es la que les permite disfrutar de un poder omnímodo y de un conocimiento exhaustivo de todos los resortes del estado, sintiendo al propio estado como suyo, con lo cual este tipo de poder se perpetúa, se vuelve inercial, o eterno y, en un límite no muy lejano, claramente fascista. http://carlosxblanco.blogia.com/26/01/2007
Nota aclaratoria dirigida a El Catoblepas
Vivimos nun mundu nel que cualisquier puntu, o un probe infeliz pue usar el nome d´ún ensin consecuencies, y quedase tan panchu. La credibilidá de la Revista "El Catoblepás" yá ta polos suelos. Nun sé cómo saquen una revista como esa onde figuren artículos basaos en ruxerruxes anónimos -o con nomatos- d´un foru. ¿Ye eso seriedá académica o intelectual? La paranoia o mala intención del autor que m´atribuye esa identidá d´un tal Balmaseda ye cosa grave. Pero peor entá ye que la revista El Catoblepás nun haya accedido a retirar esi artículu-basoria talo y como yo-yos pidí y, amás, con un tonu mui candial, pues daba por supuestu qu´una revista ye siempre un coleutivu plural. En cuenta d´eso, saquen un "apéndiz bipolar" con más ruxerruxes. Secta, que sois una secta... Fasta nunca.
Nota aclaratoria dirigida a El Catoblepas.
Carlos Javier Blanco Martín
Estimados amigos de El Catoblepas:
En vuestro último número 59 de enero de 2007, un artículo firmado por José Manuel Rodríguez Pardo (http://www.nodulo.org/ec/2007/n059p15.htm ) me atribuye la identidad de un participante en un cierto foro de Izquierda Unida, persona que firmaba con el nombre de “Balmaseda”. Sin ninguna prueba para fundamentar esa identidad entre este tal “Balmaseda” y mi persona, Carlos Javier Blanco Martín, se me atribuyen una serie de párrafos que no son míos.
Prefiero pensar que fue la imaginación del autor, o el pensamiento de que hay una afinidad de ideas entre “Balmaseda” y yo, el único factor que ha motivado a Rodríguez Pardo a establecer semejante identificación. Lo cual sería una grave ingenuidad para alguien que se expone, como el sr. Rodríguez Pardo, a firmar trabajos que se publican en la red. Ruego encarecidamente a la revista Catoblepas que retire dicho artículo, en el que se me atribuyen párrafos que no he escrito jamás. Si es que el autor no quiere desperdiciar tanto “esfuerzo”, como de hecho se ha tomado baldíamente dedicándose a “refutar” a “Balmaseda” creyendo que era yo, me contentaré con que vuelva a publicarse dicho artículo pero retirando mi nombre en asociación con esa firma o pseudónimo. Quisiera indicarles, por lo demás, que no guardo ninguna relación con Izquierda Unida, ni siquiera como participante en sus foros de internet. Muchos libros, autores y temáticas vertidas en los párrafos de “Balmaseda” son enteramente desconocidos por mí, o resultan ajenos a mis intereses. Mis críticas a determinadas posturas del profesor Bueno han sido públicamente firmadas por mí, sin pseudónimo, como Carlos Javier Blanco Martín o como Carlos X. Blanco. Creo que todos mis artículos, firmados de esa manera, disponibles en la red y en otras publicaciones impresas constituyen el material oportuno para lanzarse a hacer un análisis crítico y público de mis ideas y posturas, por muy cuestionables que sean, pero no los chascarrillos firmados con pseudónimo y atribuidos a mi persona no se sabe cómo ni por qué vías secretas, no explicitadas. Lamento que junto a mi nombre, también aparezcan mencionados los nombres de algunos antiguos profesores, compañeros y amigos míos (algunas personas reúnen para mí todas esas características) en referencia a no sé que “oleadas” o “herejías” del materialismo filosófico.
Agradeceré a los redactores de la revista El Catoblepas la publicación inmediata de esta nota aclaratoria, de la que yo también voy a hacer máxima difusión, en tanto que no se retire o corrija el articulo en el sentido arriba exigido.
Atte.
Carlos Javier Blanco Martín.






