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Resumen
- 27/09/2006 10:15 - Preservación de Asturies y Extinción de los Dinosaurios industriales
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- 28/09/2006 10:24 - COLLABORA
- 29/09/2006 11:19 - la unidad de España es la unidad del miedo
- 29/09/2006 19:08 - TRIAS, Patriota Constitucional
- 30/09/2006 13:10 - Una Asturies Paralela
27/09/2006
Preservación de Asturies y Extinción de los Dinosaurios industriales

MARXISMO Y ROMANTICISMO

Marxismo y Romanticismo. Ensayo sobre la ciencia ideológica de la revolución.
publicado en la revista Nómadas.
Carlos Javier Blanco.
Universidad de Oviedo
La afirmación –correcta- de una herencia ilustrada del marxismo nada tiene que ver con el sostenimiento de una deuda que este deba contraer con el iluminismo. La ciencia ideológica del marxismo, procedente del caudal de ideas del siglo XVIII, no puede retroceder a sus orígenes. Es un río tempestuoso el de la historia, que no se puede remontar. Ideas como Progreso, Ciencia, Razón, Universalismo, formaron el conglomerado ilustrado en virtud del cual la sociedad occidental reclamaba reformas y "enderezamiento" de su historia. Pero es que el mismo romanticismo que siguió a este periodo, los socialismos utópicos, el nacionalismo y el historicismo, y mil hijos más nacidos al calor revolucionario del siglo XIX también fueron criaturas que debieron su ser a la filosofía de las luces, a su progresismo y a su cientifismo. Como hijos rebeldes, los nuevos pensamientos y las actitudes rompedoras de moldes hubieron de enfrentarse violentamente a la herencia recibida, y en la torsión y en las nuevas vueltas de tuerca que la historia experimenta con estas reacciones. La dialéctica entre ilustración y romanticismo no puede ser una simple operación mecánica de alternancia: dos opuestos que se suceden por exclusión recíproca, al modo en que, por vía de analogía, la luz excluye (por grados) la oscuridad, y viceversa. Los movimientos históricamente posteriores, aquí el romanticismo o el marxismo, por ejemplo, excluyen explícitamente algunas visiones utópicas y algunos "enderezamientos" característicos del iluminismo, pero al mismo tiempo problematizan otros supuestos del periodo rebasado, esto es, se realizan los esfuerzos necesarios para que las ideas, esquemas y moldes de la filosofía pasada dejen de flotar en el vacío, como meras formas exentas, ausentes de contenido. La reacción rebelde del siglo XIX ha consistido e inundar de contenidos las viejas formas para hacerlos reventar, y así la realidad (en absoluto se creerá ya en una "realidad en sí") circulará a raudales. Mejor sería decir: es la propia historia la que hace realidad, trenzando y cortando los múltiples hilos que la constituyen.
Alfredo De Paz, en su excelente trabajo, La revolución romántica muestra en muchos lugares el carácter no intrínsecamente reaccionario del romanticismo, por más que el cliché romanticismo= irracionalismo haya circulado entre los intelectuales de una izquierda simplificadora. En el proyecto inicial de los románticos no estaba presente tanto el afán de socavar la razón cuanto de ampliarla, de alcanzar un conocimiento suprarracional en el que quedaran comprendidas las otras facultades humanas, impulsoras de la razón (facultades estéticas, emocionales, intuición) o aun la plenitud del hombre, que es tanto como decir la plenitud de la naturaleza, verbigracia, la plenitud de la conexión antropológica con la naturaleza. En ese proyecto inicial, el impulso genuino era revolucionario si bien no era ni podía ser aún socialista. La desatención inicial hacia los procesos económicos de la proletarización del campesinado, la conversión del verde jardín feudal que era Europa en un sucio paisaje negro de fábricas, la peor faz del hombre como explotador del hombre, esa desatención primera, decimos, fue superada a partir de vagas intuiciones, y fue más bien una cuestión de tiempo, de desarrollo paulatino de eso que Novalis denominó "potenciación cualitativa". No se trató, sólo, de una huida "mística" del mundo (ciertamente presente en muchos individuos del s. XIX) sino más bien de hacer del propio mundo una "religión". Fortalecer los vínculos entre el ser humano y el Ser por antonomasia. La naturaleza fue vista no tanto como el refugio y la fuente de inspiración sino que más bien devino espejo del alma humana, en el alma profunda y oscura del hombre mismo, en ese abismo de cada ser individuado que muy pronto pasará a llamarse inconsciente. "Romantizar" pasó a ser un verbo, una acción tendente a eliminar las conexiones rutinarias o geométricas que encadenan al hombre con su momento y con su limitado escaque en el tablero de juego de las fuerzas del mundo.
"El mundo debe hacerse romántico. Sólo de este modo encontrará su significado original. Hacer romántico, "romantizar" [romantisieren] no es otra cosa que una potenciación cualitativa. La parte inferior del ser se identifica a través de esta operación con la parte superior. De igual forma nosotros mismos representamos una serie de potencias cualitativas del mismo tipo. Es una operación totalmente desconocida todavía. En el mismo instante en que yo atribuyo a lo vulgar un significado sublime, lo convierto en romántico y cuando doy a lo común una apariencia misteriosa, a lo conocido la dignidad de lo desconocido, a lo finito el aspecto de lo infinito, lo romantizo".
Toda revolución es, en sentido trivial, "ver las cosas de otra manera y, más aún, vivir consecuentemente de otra manera, adoptar una nueva praxis. Al aplicar la potenciación cualitativa a los fenómenos cotidianos, el espíritu religioso y místico se vuelca de forma panteísta en la totalidad social. Pero también el rebelde y el crítico social comienzan a "atenerse al todo" y escrutan sus conexiones sistemáticas, desenclasándose, saliéndose del caparazón de clase que siempre lleva a cuestas, desasiéndose de las limitaciones epocales, sociales e individuales que le encierran. Con el romanticismo nace el "espíritu de la sospecha". No es casual la emergencia del cuento fantástico y de terror contemporáneos en coincidencia con la gran era de los demoledores de la vida cotidiana, de entre ellos especialmente, de Marx y, postreramente, Nietzsche o Freud. Como aconteciera en el siglo romántico, los espíritus más inquietos anhelaron descorrer el velo de la vida cotidiana. De la misma manera que en el vulgar cuarto de estudio pueden acaecer las más insospechadas acciones y las apariciones más fantasmáticas, en la misma vida burguesa, vulgar y ordenada ad nauseam, puede uno muy bien rascar en su corteza y entrever horribles mecanismos causales que toda una superestructura político-ideológica trata de esconder. La "trastienda de la producción" de Marx debería ser visitada, y el científico social tiene que impregnarse del sudor y la sangre humanas. Luego vendrían otras trastiendas, visitadas por Nietzsche, nidos de víboras instintivas, embellecidos para así ocultar la voluntad de poder, o bien tumbas del deseo reprmido, ávidas por blanquearse, según Freud. De todas estas escuelas de sospecha, de todos estos "amigos de la tierra" es Marx quien sintetiza de forma más poderosa (a nuestro juicio) la crítica a la mentalidad geométrica y rectilínea de los ilustrados y al mismo tiempo el salvaguarda de los tesoros más queridos por esos mismos ideales iluministas. Marx fue consciente de la no-linealdiad del progreso histórico. No se pueden trazar lineas rectas prospectivas, no se pueden aplicar los mismos parámetros de cara al futuro, que los que hemos aplicado hasta la llegada de cualquier presente. En contra de Popper y de toda la caterva de los deformadores del marxismo, jamás se podrá hallar una futurología en el pensamiento de Marx. Los "programas de mínimos" hallados e sus folletos circunstanciales y en párrafos que se encuentra "al paso", de poco sirven para conocer su modelo futuro de comunismo. Ello es coherente con su concepción materialista de la historia. De la misma manera en que resulta inútil extender linealmente nuestra comprensión del hoy hacia los abismos del ayer, de la misma forma en que no han existido líneas rectas ascendentes en la historia de los pueblos, sino más bien sucesivos períodos difícilmente equiparables en cuanto a legalidad explicativa (pues el modo de producción es precisamente eso, una legalidad idiosincrásica en cada período definido por los límites que establece internamente al producir en un espacio y tiempo dados), nada del futuro podemos conocer si es que la clase obrera universal ha logrado, por vía revolucionaria, hacer añicos un modo de produccion que ya era "pasado" y, por ende, "revolucionable". Entonces la historia, estudiada y concebida por un filósofo del XIX como Marx, ya era entendida románticamente, y no de manera ilustrada. Líneas quebradas, retorcimientos en el itinerario, espirales. La Revolución, pese a lo que su nombre esconde y confunde, nunca impone giros circulares, de tantos grados. Las revoluciones políticas del XIX nunca eran del todo un "progreso" ni, tampoco, las restauraciones conservadoras eran pasos simétricos hacia atrás, vueltas mecánicas al tiempo anterior. Una mentalidad, podríamos decir, termodinámica-irreversible va implícita en el romanticismo y, más aún, en el marxismo. La historia es la gran fuente productora de novedad.
Sólo con la ayuda de las interpretaciones críticas con el marxismo vulgar y mecanicista, solo a partir de Gramsci, Lukács, y de toda la escuela de Frankfurt, se pudo insertar teóricamente al marxismo en el seno de los movimientos revolucionarios de raíz romántica. Esta nueva contextualización impide para siempre volver a la opinión de signo progresista y tecnocrático según la cual el socialismo científico no era sino un instrumento planificador en virtud del cual el propio capitalismo, cometiendo ciertos pecados originales, enderezaría sus propias trayectorias en nombre de una mayor racionalidad y cientificidad. En otras palabras, un marxismo al servicio del propio capitalismo y una quintaesencia del modo de producción en sí inamovible, aunque perfectible en cuanto a los medios de socialización. Ese marxismo "monstruoso", irreconocible a partir de la más elemental exégesis de la obra de sus fundadores, está para siempre superado, y ya carece de todo interés polémico una vez que han naufragado en Europa esos sistemas llamados "socialismo real". Ellos sí que practicaron un capitalismo de estado e hicieron bandera del tecnocratismo progresista. Al imponer despóticamente ciertas consignas y banderas de la ilustración (Ciencia, Razón, Progreso, Laicismo) retrocedieron al siglo XVIII, pero empleando para ello medios represivos del XX. Con ello, se desnaturalizó la ciencia ideológica y sólo sirvió en sistemas tales como apoyatura literaria y legitimadora.
Tras las restauraciones conservadoras y movimientos de reintegración que se conocieron en la Europa más avanzada industrialmente, la veta romántica, la base realmente revolucionaria del marxismo, hubo de ser trasladada a regiones periféricas donde las condiciones de explotación y lucha por la supervivencia eran, de nuevo, palpables y sangrantes. Allí donde, en vez de un proletariado, había un pueblo indígena, una masa campesina, una nación oprimida, etc., que "nada tenían que perder, salvo sus cadenas", allí, decimos, se vio de todo punto necesario inyectar de vida unos textos de Marx (y Engels, Lenin, etc.) que en las Metrópolis ya habían pasado a ser, como mucho, textos patrísticos que apenas unos cuantos profesores menudeaban. Los movimientos guerrilleros, las luchas por la autodeterminación nacional y la descolonización, y miles de revueltas campesinas, dotaron de realidad –después de la segunda guerra mundial- a una ciencia ideológica que hubo de verse como adaptable de forma flexible a circunstancias no industriales y a contextos de países atrasados.
La médula misma de la ciencia ideológica fue una teoría de la revolución como vía para la supresión de las clases sociales, a través de una praxis que "rompe" la diferencia entre los dos planos en que los hombres siempre habían escindido su existencia: un plano terrenal y un plano ideal. La irrupción del modelo europeo (y todo lo romántico que se pretenda) de "Revolución" transplantable a la totalidad del orbe, constituyó en sí mismo el fin de la vía religiosa y metafísica establecida de forma milenaria como único medio social creado para soportar la existencia. Bajo los aguijones de reclamación política, primero, y económico-social, después, esto es, partiendo de una praxis absolutamente terrenal, el alzamiento de las barricadas y el paso a la acción de masas organizadas supuso en sí mismo –en el XIX europeo- el fin de toda era religioso-metafísica en la historia del hombre. Las iglesias y los conventículos ideológicos podrán sufragar líneas de resistencia a la revolución. Formarán, en la terminología castrense de Gramsci, sus trincheras, sus baluartes. Pero las generaciones proletarias educadas no ya a cargo de pastores, sino formadas por sí mismas, en orden a romper la escisión entre sus anhelos y sus realidades, constituyen la verdadera Muerte de Dios. Es notorio que el filósofo Nietzsche, cuando emparienta el socialismo con el cristianismo, viendo líneas genealógicas que conectan ambos movimientos, sólo se quedara con la apariencia más vulgar (y por ende utópica y religiosa) del socialismo europeo: el de aquellos líderes y movimientos acomodaticios que "resentían" del modo de vida burgués porque, simplemente, deseaban emularlo, trayendo a la tierra, en suma, su Paraíso bíblico. Esa vertiente acomodaticia del socialismo la hemos conocido muy bien después, a lo largo del siglo XX: aburguesar a los obreros, a su partido y sindicatos, con el fin de fundir en la apariencia la Tierra y el Paraíso. Pero la Revolución, en su sentido pleno, jamás la conoció Nietzsche: Revolución es voluntad de "romper" la distancia, y no de fundir Tierra y Paraíso. La verdadera pugna por la libertad no es la reclamación de los pedigüeños ni la crítica de los resentidos, como quiso el filósofo alemán. La conquista de la libertad supone una comprensión más total del mundo, del cosmos en sus interrelaciones, que racionalmente nos corresponde comprender, que incluyen las histórico-espirituales tanto como las naturales. El análisis dialéctico de dichas interrelaciones supone orillar hasta el límite (anular) los marcos externos de una realidad construida incesantemente por mor de las determinaciones del pensamiento. La totalidad de lo real ofrece suficientes aspectos y posibilidades plásticas de re-planteamiento como para desechar los "saltos" místicos o los planteamientos escatológicos. Aquellos que achacan al marxismo sus semejanzas con una religión o escatología, verdaderamente no saben lo que dicen, pues la identidad entre praxis revolucionaria y comprensión (teórica) de lo real no ha sido alcanzada jamás por ninguna cosmovisión, ya metafísica ya religiosa, anteriormente. A diferencia del panteísmo heterodoxo de los pensadores románticos e idealistas alemanes, la ciencia ideológica persiguió siempre una comprensión más abarcante de la realidad, entendida esta realidad como conexión sistemática –mas no enteramente orgánica ni armónica- de lo real. La filosofía romántica e idealista, que a veces aparenta dar una producción intelectual fragmentaria y deliberadamente asistemática, esconde siempre en el fondo un enorme anhelo (mostrado ya en los grandes sistemas de Schelling y Hegel) de sistematismo por encima de los esbozos, manifiestos, fragmentos y aforismos. El precedente más genuino debe hallarse, naturalmente, en los grandes sistemas escolásticos y racionalistas, y en el mismo Kant. Hegel consuma esa omnicomprensiva lógica de la totalidad real, en todas sus interconexiones sistemáticas, a la vez que rompe con la idea de un Dios externo o trascendente, como si Él fuera garante, causa o nexo último de todas las revelaciones. La inmanentización de ese Dios en el Mundo, a su vez plural y siempre en proceso, fue el paso metafísico necesario para que la ciencia ideológica pudiera abrirse camino. El materialismo histórico y dialéctico, a diferencia de los materialismos precedentes (cientifistas e ilustrados, que en última ratio, provenían de Spinoza) rompe en absoluto con la idea de unidad para referirse a la totalidad de lo real. El anhelo, la voluntad de comprender la plenitud de las conexiones sistemáticas, por necesidad ha de verse desacompasado con respecto a su ganancia intelectual hic et nunc. Esa misma voluntad, dicho anhelo, solo cabe comprenderse a su vez como proceso temporal, también como proceso histórico, en el que se verán comprometidas miríadas de voluntades. La mirada intelectiva de una – o de un grupo o clase- de ellas, no puede aspirar al abrazo exhaustivo de todas las conexiones a un mismo tiempo. Sólo en función de la potencia operatoria que los sujetos (o clases de sujetos) se podrán establecer grados de conocimiento diversos. Como quiera que los sujetos directamente implicados en los procesos productivos pueden comprender las implicaciones que, partiendo de la base, llevan a los modos de vida que se muestran irracionales, la potencia destructiva de esos sujetos (y clases de sujetos) es equiparable a su potencia productiva. No toda la totalidad social es orgánica ni reducible a un mínimo de principios racionales, pero sí descriptible como una serie de estructuras cuya destrucción consciente sólo puede acaecer por medio de un cambio básico en las relaciones de los hombres con los hombres y de éstos con la naturaleza. La totalidad de lo real, por otra parte, no se corresponde con la totalidad social, pero sólo de ésta (vivida, realizada a través de la praxis social) pueden allanarse concepciones alternativas de orden ontológico-general. Sólo desde la totalidad social, como cúmulo de operaciones, de estructuras cognitivo-sociales, se pueden replantear modificaciones sustanciales en la totalidad en general.
INACEPTABLES POLITICOS ASTURIANOS

Inaceptables políticos asturianos.
Carlos J. Blanco.
¿Qué va a ser de todos esos sectores "primarios" condenados a ser simples pensionados de Madrid y Bruselas?. ¿Y qué decir de una clase obrera mil veces golpeada por ajustes, reconversiones y relocalización? ¿Qué sucederá con los miles de asturianos que salen de su patria para buscar trabajo en España?
Una generación fantasma es la que se abre camino si no salen a escena símbolos movilizadores de una nueva totalidad nacional asturiana. Hace falta que esos símbolos salgan ya, rápido. Esta generación fantasma ya ignora, salvo ciertos reductos educados, lo más fundamental de la historia nacional, la revolución asturiana de 1934, la guerra civil, la represión franquista, las huelgas, etc. La derecha más extrema, en su última ofensiva, no sólo ha robado los archivos y los mantiene secuestrados en Salamanca, también ha secuestrado la enseñanza de lo que significó el golpe contra la República, el crimen contra la clase obrera y la represión continuada contra Asturias. No fue bastante, al parecer. Ahora quieren robar hasta la memoria, y entre las generaciones más distantes de todo aquello, y, sobre todo, entre capas incultas, quieren secuestrar la identidad de Asturias.
Tales ofensivas derechistas se explican por la pacata, cómplice y falsaria izquierda gobernante. La nube de confusión de consignas y reclamaciones es la nube misma en la que vive la izquierda oficial, la que se trasluce en la prensa o en las campañas electorales. Hace falta todavía un catalizador más cercano y visible, centrar los problemas económicos y sociales de Asturias abordando de una vez la cuestión nacional, para marcar una hendidura definitiva, un Rubicón que permita distinguir aquellos que desean hacer de Asturias una nación con plenas capacidades de autogobierno y autodeterminación en el seno de Europa, hacer de ella un ejemplo de verdadera democracia socialista, y aquellos que siguen pensando en amalgamarnos entre el pelotón de "regiones" subsidiadas y amordazadas. Nos quieren engañar diciendo que unos cuantos ricos y privilegiados –catalanes y vascos- romperán la hucha estatal y la solidaridad entre comunidades. Pero los asturianos no deberíamos tomar parte en esa guerra ficticia. En los años que llevamos viviendo en democracia formal, sabemos de sobra cuál es el trato que nos está brindando el Estado central. A lo sumo, tras los cierres y reconversiones, nos han catalogado entre los "subsidiados". Esta es la manera ideal de tenernos controlados. Con una clase obrera –industrial y minera- compacta y nutrida, éramos el peligro rojo. Asesinada o agónica esa clase proletaria, la rebelde Asturias deviene pedigüeña. El Capital y el Orden madrileños ganaron esta partida. Pero además, entre nosotros no hay un Rodríguez Ibarra, un Bono o un Barreda, centralistas radicales, que suelten sus exabruptos anti-nacionalistas para reivindicar con orgullo su españolismo propio de subsidiados. Tenemos una localización geográfica, una identidad lingüística y un patrimonio etno-histórico lo suficientemente diferenciados y "periféricos" como para sentirnos a gusto –salvo excepciones y minorías- con esa españolidad agresiva. Por ejemplo, en Asturias es uno de esos sitios donde menos abundan las banderitas rojas y gualdas de los coches, o el clásico toro negro, por no hablar de otras simbologías identitarias de lo "español". Resignados, tenemos que estar ahí, entre las "regiones españolas" pero no va con nuestro estilo esgrimir una españolidad "central" para ir en contra de otras periféricas, que lo son tanto como nosotros, y tan distintas y tan distantes de esa supuesta España homogénea e imeprialista, cuando menos, como la misma Asturias.
Esta periferia que se llama Asturias, se forjó siempre con el sudor y la sangre del pueblo. Aquí apenas hubo terratenientes ni fueristas que quisieran arrogarse la representación de un todo nacional, siendo tan solo como eran una parte. En cuanto a su burguesía industrial y comercial, ésta se hallaba tradicionalmente vinculada a capitales de otras regiones y orígenes, y su visión raramente tenía un carácter "patriótico". Fueron unos burgueses poco románticos: su patria fue el dinero, y por ello no brilló en nuestro solar el nacionalismo conservador, sólo un discreto regionalismo. El campesino, tradicionalmente marginado de la esfera política, conservó cuanto pudo de su tradición. Adaptarse a los cambios, para poder vivir, y creer que lo que viene de fuera, vía ciudad, era lo mejor, lo nuevo y lo fino, fueron sus ideas hasta hace poco. El obrero, internacionalista, luchó por solidaridades de clase antes que por demandas de índole nacional. En resumen: a nadie le importaba en exceso el tema de la asturianía, salvo cuando había que salir fuera y comprobar entonces las diferencias.
Pero hoy, la composición social ha cambiado completamente. Esa solidaridad popular, ese sentimiento colectivo de discriminación efectiva hacia todo lo nuestro, de marginación, olvido y desprecio hacia lo nuestro en el comportamiento del Estado, y de algunas autonomías, debería despertar un movimiento interclasista de amplio espectro que se atreva a decir ¡Basta! ante la postración que nos imponen. Por supuesto, son las clases sociales más castigadas las que deben protagonizar esa reacción. Miles de personas que han sufrido el paro, y muchos miles (jóvenes que, al pasar los años ya van dejando de serlo) y a los que se les niega experimentar qué es un trabajo digno. El agricultor y ganadero al que le dicen, cada día "déjalo", y aun le fuerzan, mientras que en una España árida y seca a otros como él le llueven subvenciones millonarias por producir nada. El estudiante al que le dan recetas de optimismo pero que, al dejar la facultad, comprueba que sólo le quieren como esclavo o como emigrante prostituido. Al jubilado al que niegan derechos por los que tan firmemente luchó, y que en la cola de una Caja maltratan cuando exige cobrar su pensión. Al trabajador, antaño estable y digno, ahora "reciclado" en el sector servicios o en la precariedad más absoluta, y que sólo con vergüenza puede reconocer que eso es un "trabajo". El PSOE liquidó a la clase obrera con cierres policiales y ministros yuppies, de la era del pelotazo (Solchaga, Boyer, Solbes). Estos agentes del neoliberalismo tuvieron como administradores de la finca a unos presidentinos regionales, de muy poca talla, alguno de los cuales (uno dicen que es poeta y autor de novelas eróticas) ofreció su espalda a Felipe González en una famosa foto, para que el Dios, como era conocido el presidente del gobierno central, estampara cómodamente su firma durante su visita a la colonia periférica. Poner la parte de atrás del cuerpo al servicio de los que mandan en Madrid, ejecutar sus dictados y cerrar empresas, todo eso, es lo que debemos a nuestros gobiernos del puño y la rosa. El experimento desindustrializador se llevó a cabo perfectamente, no importaba cuántos palos hubiera que dar. En las ciudades y cuencas asturianas había batallas campales cada dos por tres, y los telediarios y "Paises" del momento no decían ni palabra.
Todo eso fue en los 80 y 90. Ahora, en el siglo XXI, tras habernos robado la memoria y la historia más inmediata, tras dejarnos sin nada con qué valernos (sin campo, sin industria) encima nos insultan cuando salimos por España y nos llaman "subsidiados". Pero ¿cuál es nuestra culpa? Nuestros caciques locales obedecían órdenes de Madrid que, encima, simulaban ser dictados extra-estatales (Europa, Modernidad, Competitividad, etc.). Nuestra culpa, como asturianos, consiste en seguir aceptando tales gobernantes.
28/09/2006
ANTOXANA
COLLABORA

Entamu:
Esti Blog nun quier ser un llugar presonalista. Ta abiertu al que quiera unviar los sos escritos.
Se manden a esta direición cblancomartin@yahoo.es poniendo "blog CXB" nel mensaxe.
La llingua que tendrá prioridá sedrá la asturiana.
De mano, toi metiendo vieyos escritos míos que circulen pela rede pero que equí podrán atropase. Pali que pali, diré remocicando y asoleyando material nueu. Los temes más afayaízos que podéis unviar son:
NACIONALISMU
MARXISMU
ECOLOXIA
ANTI-GLOBALIZACIÓN Y ANTI-FACISMU
CULTURA ASTURIANA
POLITICA ASTURIANA
CELTISMU, ETNOGRAFIA ASTURIANA
CREACION LLITERARIA EN LLINGUA ASTURIANA (ensayu, cuentu)
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29/09/2006
la unidad de España es la unidad del miedo

LA UNIDAD DE ESPAÑA ES LA UNIDAD DEL MIEDO.
Carlos X. Blanco
En Madrid, en el kilómetro cero, se concentran (ya casi es rutina) miles de "españoles". Dicen defender una Constitución. Dicen defender una "Unidad" patria, llamada España. El riojano Gustavo Bueno (vide "Gran Hermano") llama "dementes" y "cursis" a los nacionalistas. El análisis político, como se ve, es de altura. Otros epítetos, quizá peores, se oyen en esos extraños foros, fundaciones y órganos de agitación (incluidas la COPE, Onda Cero, etc.). Hay, en diversos medios, apelaciones a restaurar la pena de muerte para los separatistas. Que personas formadas pidan, en abuso de su libertad de expresión, la muerte de Ibarretxe o de Carod-Rovira, solo por tener miedo a sus propuestas o por no compartir sus posiciones políticas, provoca una gran preocupación. ¿Qué está pasando?
Ahora, los coqueteos necesarios del partido gobernante en el estado con fuerzas nacionalistas ha servido para que la extrema derecha meta a los socialistas en el mismo saco de la "anti-España". A tenor de la virulencia de los ataques e insultos, así como de la dureza de sus juicios, ad hominem y sin hondura ideológica ninguna, tan solo los partidos nacionalistas de algunas periferias introducen una "tercera vía" en este sórdido bipartidismo a la española, donde las posiciones están tan encastilladas, al menos de cara a la galería. La posición de los nacionalistas es, a veces, ambigua y suelen entrar también en el juego retórico de las "Dos Españas" y del lenguaje "guerracivilista", pero cuando hay una situación como la presente ¿quién se puede poner "por encima del bien y del mal" y más cuando se es objeto de un insulto permanente? En el bipartidismo hispánico las formaciones alternantes en el poder han practicado a partes iguales una política represiva contra el proletariado y contra las naciones periféricas oprimidas, además de una abyecta sumisión a los diversos poderes fácticos a los que se ha entregado el invento español (E.E.U.U., Iglesia, Gran Capital), y una cerrazón inmovilista ante reformas constitucionales y movimientos nacionalistas y soberanistas.
Los dos grandes partidos estatales podrían cuidar un poco más las formas para seguir gozando de las mieles de la alternancia entre una izquierda y una derecha ambas por igual "civilizadas" y "patriotas" y "leales constitucionalmente" también a partes iguales. Esto significaría estar de acuerdo en los puntos esenciales para el mantenimiento del estado al que ellos dicen servir, en un sistema que tanto terreno deja para su propio beneficio como maquinarias electorales, burocráticas, mediáticas y auto-perpetuantes que son. PP y PSOE podrían vivir tan cómodos si no existieran ambiciones y fuerzas nacionalistas en algunas partes. Un experimento de lo que sería "España" sin la aportación periférica y nacionalista lo tenemos en la "España interior" (ambas Castillas, Extremadura, etc.), donde reina la paz de los cementerios y el simulacro de la alternancia (en algunas de estas regiones apenas nunca la hubo desde el cambio de régimen de 1978). La política allí es un soberano aburrimiento, y el partido es solo un medio de promoción social y una gran familia donde se intercambian favores.
La alternancia bipartidista parece que se rompe, que se viene abajo, pese a que mucho votante encuentra, para defender su "España", dos opciones centralistas, españolistas, patriotas-constitucionales, casi indistinguibles como no se fije uno en ciertas formas o, como ahora se dice, "sensibilidades". PP y PSOE son indiscernibles también en lo que hace a su sometimiento a la forma monárquica, al sustento material de la Iglesia, y a la tolerancia hacia sus intromisiones, en lo que se refiere a su participación sumisa en el concierto económico capitalista mundial, etc. Pero he aquí que la espina clavada de los nacionalismos periféricos les estropea todo un cuadro idílico de régimen parlamentario binario y alternante. La "mala leche" brota con respecto a un problema, y ese no es otro que el cuestionamiento de base que ahora se hace de su invento, el artefacto llamado "Nación Española". Los nacionalistas periféricos les enfurecen, no tanto por mantener una doctrina que "pone en peligro" la unidad del estado, o la solidaridad entre territorios. Esto es retórica. Les enfurece y les hace perder los nervios porque el sustento que los post-franquistas habían concebido en los años 70 para poder perpetuarse y continuar con los privilegios y marcos jurídico-administrativos básicos del anterior régimen, ese sujeto o substrato mismo, es el que peligra y hace que naufrague incluso la continuidad de sus garbanzos y su proyecto de raíz franquista, según el cual, todo quedaba (en 1975, o en 1978) "atado y bien atado", como dijo el dictador. Terceras fuerzas políticas, y viejas naciones exigiendo su constitución como naciones políticas supone, para los dos grandes máquinas electorales y para sus respectivos clientes financieros y empresariales, "perder la titularidad" del cortijo, o al menos, de alguna parte. Tienen miedo. Les puede el miedo. Y el hombre cuando tiene miedo es capaz de cometer muchas barbaridades.
TRIAS, Patriota Constitucional

TRIAS, PATRIOTA CONSTITUCIONAL
Carlos J. Blanco.
El filósofo Eugenio Trías, en un artículo titulado "Defensa de las nacionalidades históricas" (vid: http://www.nodo50.org/reformaenserio/articulos/enero2005/trias.htm) ha arremetido contra los nacionalismos e independentismos, incluso contra aquellos que se muestran favorables a la vía pacífica para hacerlo. El trabajo de Trías se enmarca en la larga serie de escritos de "intelectuales españoles destacados" tendentes a la criminalización y advertencia contra toda ideología que cuestione la unidad de España y el derecho a la autodeterminación de sus pueblos. No es lo mismo, según dicen en este tipo de artículos, matar que exponer ideas, pero hay ideas que... se las traen, y por analogía, hay ideas que matan o llevan a la Guerra Civil. El Estado Español, se nos advierte, ya tuvo la suya. Yugoslavia también habría caído en la espiral genocida por causa del separatismo y el independentismo. Ésta última guerra, más que una guerra de clases, fue obra de los nacionalistas fanáticos, de los independentistas. Y así, en una larga serie de analogías indebidas, dentro de un género de escritos admonitorios, el filósofo Trías, que debiera usar más la lógica formal que las analogías y el argumento ad baculum, pretende una sola cosa: meter miedo a la gente sobre las consecuencias de la autodeterminación de algún pueblo del estado español. Secundariamente, el filósofo Trías hace una apología de la Constitución vigente, y de alguno de sus hallazgos maravillosos, por ejemplo el de inventar el término "nacionalidad", como la quintaesencia misma de la genialidad política y del buen seso. Es tan genial ese invento, que a casi nadie le gusta la palabrita, por falsaria e inventada. Porque arteramente amalgama regiones y naciones históricas, sin deslindar con criterios exactos ambas. Es tan genial que, por el camino que vamos, todos los estatutos van camino de arrancar tal palabrita. Pero el trabajo de Trías quiere conservar este legado magnífico. Ser conservador significa conservar lo bueno. Lo contrario: guerra civil o Yugoslavia. Magnífico pensador. Las cumbres de la dialéctica. Pero leámosle:
"Ante actitudes independentistas que se manifiestan como pacíficas, o no violentas, siempre me pregunto lo mismo: ¿Saben exactamente lo que quieren? ¿Conocen las consecuencias de su orientación y tendencia? ¿Han reflexionado de verdad sobre lo que arriesgan? ¿Se inspiran en un examen serio sobre las posibilidades reales que su proyecto independentista posee? ¿Pueden vislumbrar, aunque sea de forma tentativa y aproximada, los modos, las rutas o los meandros posibles a través de los cuales su idea política puede llegar a implantarse? ¿Tienen en cuenta la situación geopolítica en que Cataluña y Euskadi se hallan? ¿Son las suyas actitudes verdaderamente responsables?"
Preguntas que no se hacen para ser respondidas. Son preguntas como las que formula un padre a su hijo, un jefe a su subordinado, el que tiene el poder en sus manos ante todo aquel que no "atiende a razones". Hijo mío, ese camino por el que vas no es el bueno... ¿Te das cuenta de lo que puede sucederte si sigues por ese derrotero? Recapacita... La inquisición, el torturador, el paternalismo absolutista y el fascista han adoptado siempre el mismo tono. Te están pisando el cuello, y luego dicen
que es por tu bien. Señor Trías, si sus admoniciones e invocaciones al Miedo hubieran sido el "tono" de la filosofía a lo largo de casi tres milenios de historia, ese tono no habría sido otro que el quejido de los débiles y de los cobardes. Habríamos hecho del pensamiento un grillete, un látigo, una amenaza, la cárcel. La humanidad, o cualquier grupo que la encarne, no daría jamás un paso hacia una situación nueva... ¡por miedo a las consecuencias!
"Estamos a años luz de un escenario como el yugoslavo o como el que precedió a la Guerra Civil. Pero no conviene descuidarse. Este país ha ido consolidándose en parte por la solvencia de una Constitución que tiene su mejor prueba en su propia edad, lo que es el mejor haber que posee. ¡Qué necedad apelar al tiempo transcurrido para su revisión! Las constituciones se revisan cuando la situación es de extrema gravedad, como sucedió en Francia, al borde de la guerra civil tras la descolonización argelina. Pero no tiene pies ni cabeza iniciar un proceso constituyente cuando no hay ninguna razón apremiante que lo haga ineludible".
Si estamos a años luz, profesor Trías, ilustrísima persona, ¿por qué nos invoca el caso Yugoslavo? ¿Van a liarse a tiros los demás pueblos del Estado, si triunfara una escisión vasca, catalana o riojana? A años luz, también hay otras galaxias, y por ende no tiene sentido mentarlas ahora. Si el caso Yugoslavo no es el caso del Estado español, omita hablar de Yugoslavia. Pero que no deba revisarse la Constitución porque no pasa nada grave, salvo el simple transcurso del tiempo, es una opinión, don Eugenio, una simple opinión, acaso de millones, pero opuesta a la de otros muchos millones. No vale que Vd. Sea un gran catedrático, pues aquí no nos da razones, sino opiniones, como las que me encuentro en el bar de la esquina, en el centro de trabajo o esperando el autobús. Millones pensamos que esta Constitución sacrosanta ya huele, que se hizo en la transición para ser de transición, que las soluciones de compromiso que incluye su texto sirvieron sólo para espantar el fantasma del franquismo y del golpismo. A muchos, la Constitución les parece un freno para la libre expresión de voluntades e identidades nacionales históricas. Si a ellos la Constitución les huele ya un poco mal, de no ser reformada, mucho peor les olerá el ahora llamado "Patriotismo Constitucional". Quienes no tienen patria de verdad, pues España es un invento, se aferran a un texto, y sobre su articulado y sus disposiciones ponen la mano, reverentes, y dicen: he aquí mi patria. Pero detrás de cada página está el Ejército y la Guardia Civil.
"No es lo mismo nacionalidad que nación, en efecto. El término nacionalidad, y el de nacionalidad histórica, constituyó un gran logro semántico de nuestra Constitución. Es importante defender ese término que, por irresponsable propensión, muchos tienden a desestimar. Da igual quién fue el padre de la criatura. Da igual que fuese el modelo de la extinta URSS el que lo inspirara, según algunos piensan. O que fuese alguien proclive siempre a satisfacer las ambiciones nacionalistas el que lo sugiriese. Fue, creo, un acierto de primer orden.
"Hoy más que nunca urge la defensa de ese concepto que aparece desde las primeras líneas en la Constitución española: el que halla, entre región y nación, o en medio de la simple autonomía, a modo de bisectriz, la idea de nacionalidad. O la noción de nacionalidad histórica. Esa idea, que todo el mundo parece desechar, es quizás la más ajustada a nuestra realidad española para describir o definir muchas de nuestras autonomías. Es, además, la única que salvaguarda la nación española, junto a la especificidad propia de algunas de las nacionalidades históricas que la componen."
Pero vamos a ver. Una "nación" como pretende ser España, si lo fuera de veras históricamente ¿iba a necesitar de inventos "terminológicos" como los del año 1978? Nación de naciones, dijeron algunos. Otros, para no equiparar la parte con el todo, dieron el nombre de nacionalidades a algunas de las partes, que no podían recibir el nombre de "Nación", única e indivisible, que ser reservaba a España. Por otro lado hay territorios que no pretendieron ni pretenderán jamás ser naciones, ni siquiera nacionalidades. ¿Querían, por ejemplo, los castellano-manchegos ser "nación"? ¿Querían, incluso, gozar de autonomía cuando se redactó la Constitución? Y así en muchas otras "regiones". No consta tal deseo popular. A regañadientes, se reconocieron tres naciones históricas, a las que ni siquiera se las quiso categorizar con el mismo término que se reservaba a España, nación "única" según la Carta Magna. Era evidente que se olvidaron aquellos preclaros Padres Redactores de algunas otras comunidades históricas, como Asturias, existentes como sociedad política diferenciada con una trayectoria y un carácter milenario. ¿Vamos a estar a gusto con esa palabrita que tanto agrada a Trías, la de "nacionalidad"? Muchos pensamos que se hacen inventos para tapar un gran invento. España existió bajo la amenaza de los fusiles y la represión. En cuanto se la deja libre, sus pueblos dejan de necesitar tal unión, que en el fondo no es querida ni consentida, salvo en unos cuantos territorios "regionales" que son un subproducto de la propia historia del "invento". Con ello no quiero despreciar las aspiraciones universales de sus habitantes, de todos los seres humanos en realidad, a una vida mejor, a una verdadera patria, etc. Pero hay naciones y hay regiones, señor Trías. Administrativamente, todas son comunidades autónomas, pero aun administrativamente, ellas son muy diferentes en su capacidad de acción. Las naciones verdaderas, como la asturiana, reducidas a la fuerza a una condición de "región", cuando no "provincia" (algunos hablan todavía de la Provincia de Oviedo), no debemos soportar más estos inventos constituyentes que el filósofo cree que deberíamos no tocar, o consagrar. Pero en su artículo, Trías no es filósofo, sino "Patriota Constitucional", que es todavía mejor.
30/09/2006
Una Asturies Paralela

Énte la represión d´una cultura y una llingua nacionales ye mester empobinar tolos esfuercios y lluches nel camín d´una reconocencia llegal ya institucional d´esos drechos. Arriendes, hai que prauticar el mou de vida, de fala y d´escritura que, demientres mil años (polo menos) carauterizó al pueblu asturianu. Ensin que s´arrequexe la protesta na cai, qu´hai que facela medrar de xuru, esti pueblu saldrá p´alantre si quier siguir siendo talu, entamando una sociedá paralela a la "oficial", un estáu dientro´l estáu. Eso podrá afechiscase pol usu de preseos de muerganización comunitaria, como la rede mesma. Énte la cultura de les subvenciones y de los pidiguñones, hai que prauticar la llingua en toes les estayes de la vida social porque esa práutica mesma ye´l sinu de la so brenga. L´ensayu seriu, críticu, l´alderique perfondu, la creación lloñe de los guettos, la comunicancia cotidiana mesma, si se fai n´asturianu yá se fai en contra d´una imposición y colonización de triba castellanista. Nun se propón dexar de lluchar pela oficialidá, la escolarización universal, l´autodtermín, etc. ¡Tolo contrario! Se trata d´algamar –paralelamente- esos porgüeyos na propia sociedá civil, na mesma praútica, dexando que la cadarma oficial seya un caceyu vacíu, pa tirar a la basoria.






